viernes, 30 de julio de 2010

CAPITULO 14

Nani, Friend, muchas gracias, tu buen gusto, tu habilidad y tu apoyo hacen lucir de maravilla este blog... Besitooo
Li

CAPITULO 14

EDWARD’S POV



"Edward, ¿ya viste los periódicos y las revistas?"

Rápido tomé uno de los periódicos sobre mi escritorio y busqué dónde Alice me había indicado…

"¡Carajo!"

Isabella debía estar pasándola muy mal con los comentarios tan estúpidos de los periódicos. Fotos de ella y el tal Jake, otras conmigo en una posición un poco comprometedora y luego insinuar que era una chica a la que le gustaba divertirse con dos tipos en una misma noche, no era algo fácil de digerir en absoluto. Y bueno, tenía que admitir que al menos yo había sido responsable por algunas de las fotos, pero es que actuaba sin pensar, en un impulso. Ella me hacía actuar así y eso me tenía muy confundido porque siempre había sido capaz de controlar todo en mi vida, incluidos los sentimientos y deseos.


         Había planificado la vida perfecta de un ingeniero exitoso. Hacer obras importantes en alguna parte del mundo y gozar de las cosas buenas que me ofrecía la vida, pero sin tener que pensar en la "carga emocional" que implicaba una relación y todo estaba funcionando de maravilla. Tenía a mi cargo un proyecto sumamente importante y mi constructora estaba haciendo un excelente trabajo, no podía estar más orgulloso de mi equipo. Mis relaciones funcionaban bien, siempre en el entendido que jamás serían mi prioridad porque simplemente no me interesaba que lo fueran. Eran "distracciones" no relaciones, corrigiendo lo anterior. Uno decidía simple y libremente cuando tener una y cuando terminarla, así de fácil.

Todo en mi vida estaba muy bien cimentado. O al menos eso pensé durante el tiempo en que esos cimientos permanecieron sólidos e irremovibles… pero apareció Isabella. Estaba muy enojado conmigo mismo por no saber lo que me ocurría, pero aún más porque parecía que siempre terminaba por arruinarlo todo con ella, nunca acabábamos bien y este conflicto interno hacía que la lastimara y desde luego, lo último que quería era hacerle daño.
"¿Pero en dónde había quedado todo ese control de mi vida? y ¿Porqué la tenía constantemente en mi pensamiento?, ¿Porqué no podía controlar eso?

Me costaba trabajo concentrarme en mi trabajo y cuando lo lograba, su imagen aparecía de nuevo en mi mente con su cálida sonrisa tímida, la real, no la que aparecía en las revistas o en las pasarelas, que vale decir que también me fascinaba. Su pelo largo y sedoso, su olor que me confundía deliciosamente, su piel… y su cuerpo, sus muslos suaves en mis manos, sus senos firmes y dulces en mis labios…

"¡Mierda!" De nuevo Isabella.

Pero era la verdad, me encantaba estar con ella, conocerla, platicar, escucharla, mirarla, olerla, bromear con ella, abrazarla, besarla… quería todo eso y aún más sin complicar las cosas pero Isabella pensaba diferente.
¿Acaso ya me había llegado el momento para pensar en "ceder"?
¿Sería posible que yo estuviera meditando esa posibilidad muy seriamente?

--¡Edward!, tenemos la reunión con los ambientalistas en una hora y parecían muy contentos con toda la información que les envié. Los tenemos en la bolsa cariño.

Nadia Kozlov irrumpió en mi ‘oficina’ con esa seguridad que la caracterizaba. Era ingeniera con una especialidad en hidroeléctrica, muy entregada a su trabajo. Estudiamos juntos en París y era una buena amiga, solíamos "distraernos" juntos ocasionalmente y todo parecía perfecto hasta que empecé a "distraerme" con otra amiga. Su actitud cambió así como nuestra amistad, pero nunca su profesionalismo en el trabajo, por eso formaba parte del equipo de expertos de mi constructora.

--Bien, entonces te veo allá – contesté sin levantar la mirada de la pantalla de la computadora.

--¿No nos vamos juntos? – preguntó sentándose sobre mi escritorio.

--Cómo quieras.

Tomó el periódico que llamó su atención. Miró fijamente la nota que yo ya había leído, callada y sin ningún tipo de expresión en la cara hasta que una leve sonrisa intento aparecer en sus labios. Dejó el periódico dónde estaba y se dirigió a la puerta.

--Te espero - y la cerró al salir. Apagué la máquina, tiré el periódico a la basura y salí de ahí.

Como Nadia había predicho, la junta no pudo haber salido más a nuestro favor. La presa era necesaria para el país y Cullen Engineering & Co., debía procurar causar el menor impacto ecológico posible. Llevamos todos los estudios, informes y análisis dónde garantizábamos el mayor resguardo posible de los bienes naturales del área. Los ambientalistas estaban contentos y nosotros tranquilos. Al menos yo ya tenía un peso menos encima.

Los días pasaban y yo me obligué a concentrarme en mi trabajo, pero muchas veces no tenía éxito, ¿y cómo iba a tenerlo si la veía a Isabella en todas partes? Un día después de aquellas primeras fotos, salieron otras de la noche que cenamos en el “Chimichurri Grill” junto con toda mi biografía, era increíble ver hasta dónde habían llegado. Además me había enterado escuchando a Rosalie platicar con mi madre, que Isabella estaba en Italia y que lo más problable era que regresara a Nueva York hasta después de las fiestas ya que pasaría la navidad y el año nuevo con cada uno de sus padres. Casi tres semanas sin verla. Y para rematar, estaba Alice que compraba cada revista en dónde aparecía ella y tenía el tino de “dejarlas” regadas por cualquier parte en casa de mis padres. Me estaba ahogando en mi propio mar y sentía que mi tabla de salvación se encontraba en alguna parte del otro lado del océano.

Una noche antes de Noche Buena llegué a casa de mis padres procurando no encontrar a mis hermanos o a mi cuñada y a su “hermanito” que se había convertido en la sombra de Ally. Ese chico, según había escuchado era un genio con las inversiones y aunque aún no terminaba la universidad, ya trabajaba en una importante casa de bolsa, al menos parecía responsable y por lo visto no era ningún tonto, sólo tenía que portarse muy bien con Alice porque si no…

Había luz en el salón y entré con mucho cuidado. No estaba preparado para lo que encontré ahí. Isabella estaba platicando con mis padres, se veía tan hermosa, sonriente, despreocupada. La escuché reírse y bromear, estaba contenta y eso también me alegro.

--Bueno tengo que irme, se hace tarde. ¡Oh lo olvidaba!, esto viene con la imagen – le entregó un sobre a mi madre que se quedó muda unos segundos igual que mi padre.

--¡Por Dios Bella!, ¡Es demasiado! – gritó mamá.

--¡Ni lo digas! – le respondió Bella y siguieron con las risas.

--Esto es una obra de arte, yo también pienso que es demasiado Bella. No debiste molestarte – mi papá opinó igual que mamá.

--Al contrario, es un placer y ahora que veo que les gustó, me voy más que contenta – continuó despidiéndose pero yo no lo iba a permitir.

Así que con mi mayor sonrisa y derrochando todo el encanto del que fui posible dije muy alegre por verla ahí, tan cerca de mí – ¿Ya estamos abriendo los regalos?, ¡Aún no es navidad!, ¿Hay algo para mi?

Se sorprendió al verme parado mirándola pero lo disimuló bastante bien levantando su ceja malévola y sonriéndome después de un escaneo completo de mi cuerpo, lo que hizo que cierta parte de él comenzara a reaccionar.

--Yo creo que no. No te has portado bien Edward – era un hecho que estaba contenta, de otro modo no bromearía conmigo de esa forma.

--¿Crees que me he portado mal? – le regresé la sonrisa, estaba encantado con ella. ¿Ya me habría perdonado por ser tan estúpido la otra noche? Porque yo estaba arrepentido hasta con la célula más pequeña de mi cuerpo por haberla hecho sentir tan mal. No había sido un caballero y no me había comportado decentemente con ella y era algo que yo no me podía perdonar, sería mucho esperar que ella lo hiciera.

--¡Mira Edward! Lo que nos ha regalado Bella – mi madre interrumpió mis pensamientos regresándome a la realidad. Me acerqué a ver la imagen tallada en mármol y si no estaba equivocado era una obra de arte con registro y todo.

--Veo que te gusta mamá es muy bonito.

--Bueno, en verdad tengo que irme, ya es muy tarde – abrazó a mis padres y mamá le hizo un comentario pero no alcancé bien a comprender esa complicidad entre ambas.

--Bella, tú sabes porqué es un regalo muy especial y porqué significa mucho para mi, gracias otra vez.

Tomó su bolso y sacó otro sobre ¡Lo sabía!, eran los registros del regalo de mis padres. Siempre terminaba sorprendiéndome.

–¡Que pasen unas lindas fiestas! – dijo por último girándose para salir pero la tomé del brazo.

--¡Te acompaño! – juré que se negaría pero me sonrió y aproveché para acompañarla muy lentamente hasta la puerta o hasta dónde ella me permitiera hacerlo.

--No esperaba encontrarte aquí – solté su brazo aunque hubiera dado lo que fuera para seguir tocándola.

--Sólo vine a traerles un regalo a tus padres – adoraba a la verdadera Isabella, tímida algunas veces.

--Estoy triste porque para mi no hay regalo. Creo que si me he portado un poco mal después de todo – dije aventurándome a decir y tentando mi suerte, pero tenía que saber si seguía enojada.

–Mmm bueno, ¿Qué niño no comete alguna travesura? – noté que remarcó el “niño” pero lo olvide porque acariciaba mi mejilla suavemente – escribe tu carta a Santa y promete ser bueno de ahora en adelante ¿Si?

Estaba hipnotizado por ella, perdido. En ese mismo instante me pudo haber pedido que limpiara el suelo por dónde pasaba con la lengua y encantado lo hubiera hecho y aún más porque con ambas manos en mis mejillas me acercó a ella, a su pecho, para darme un beso en la frente y después no entiendo cómo es que sentí sus senos más cerca de mi rostro, los tenía en mi cara, tanto así que mi nariz rozó ese espacio que… ¡Oh Dios! Su aroma me volvía loco.

Y Dios sabe muy bien que no resistí y la besé desesperado, quería llenarme de ella, hacerle sentir que la deseaba mucho aunque de eso estaba muy seguro que ya se había dado perfecta cuenta porque también se presionó a mi y sus pezones erectos me confirmaron que sentía la misma urgencia y deseo que yo.

Me alejó de sus labios y me dio otro beso en la frente con una lentitud muy dolorosa.

--¡Pórtate bien Edward! y que pases una feliz navidad.

No iba a permitir que se fuera así tan fácil por lo que la tomé de nuevo en mis brazos para respirar de nuevo su aroma.

--Feliz navidad para ti también Isabella – le dije al oído sin soltarla hasta que sentí que palmeaba mi espalda y contra todos mis deseos lo hice unos momentos después. Me sonrió y con esa gracia y elegancia que sólo ella podía tener, bajó los escalones hacia su camioneta. La miré irse, sin moverme, no quería salir de su hechizo porque es así como me sentía, hechizado por Bella.

Ya no podía seguir engañándome ni un segundo más. Había pasado mucho tiempo diciéndome a cada minuto que no podía permitirme enamorarme, que eso arruinaría mis planes, mi trabajo, mi futuro, ¡Mi vida!

Y nunca estuve tan equivocado como en esos momentos. Mi vida ya era una completa ruina negándome a vivirla sin Isabella, convenciéndome de que sería un error dejarla entrar en mi vida porque ella sólo quería todo de lo que yo había renegado siempre.

Tenía que darme la oportunidad de vivir lo que soñaba durante todo el día. Necesitaba tenerla cerca, saber que estaba bien, quería cuidarla, protegerla, hacerla mía todos los días, en todo momento sin importar dónde, hacerla reír, llorar de alegría, cumplirle sus deseos, que no la tocara ni el aire, respirar por ella, vivir para ella y por ella. Tal vez… eso era amor.

Pero yo había actuado tan erróneamente que sería el mayor de los imbéciles si pensaba que de la nada podría llegar y pedirle que me perdonara, no, eso no podía ser así. Tendría que ganarme tanto su perdón como su confianza y después a ella.

No iba a ser nada fácil, de eso estaba seguro, posiblemente me llevaría mucho más tiempo del que podría soportar, pero me lo merecía por haberme portado como un idiota. Tendría que empezar desde cero y muy sutil. Haría lo que debí haber hecho desde un principio. Y ahora que al fin sabía y había admitido la causa de mis amargados días, sentía que empezaba a respirar de nuevo.


Disfruté mucho la cena de Noche Buena en casa de mis padres. Me divertí con las bromas de Emmett, soporté el exceso de energía de Alice, a los hermanitos Hale y hasta ayudé a mi madre en la cocina preparando bajo su supervisión una ensalada. Admitir que uno estaba enamorado podía cambiarte la vida en un segundo, para bien por supuesto.

"¿Enamorado?"

Oh si, esto tenía que ser amor, no había forma de que no lo fuera. Así que feliz y enamorado, me fui a dormir, esperando que llegara muy rápido la mañana de navidad para hablarle a Isabella, no podía esperar más.

Me levanté algo temprano y muy ansioso, tal vez debía esperar un rato por si no se había despertado, así que cuando vi que ya eran las diez de la mañana no pude más y oprimí la tecla verde.

--¡Feliz navidad gatito! – "¿Gatito?" Bah, no me importaba, ella se oía contenta.

--¡Oh! Veo que me has bajado de categoría, yo me creía un león. ¡Feliz navidad Isabella! – no se esperaba que fuera yo.

--Disculpa la confusión, feliz navidad para ti también Edward – ya no estaba enojada conmigo, podía sentirlo.

--Espero no haberte despertado.

--No, salí con Charlie a hacer algunas compras – ¿Quién demonios era el tal Charlie?

--¿Charlie? – no dudé ni un segundo en preguntar por ese sujeto.

--Si, Charlie, mi padre, y dime, ¿Te trajo algo Santa? ¿Se compadeció de ti? – Dios mío, estaba celoso de mi futuro suegro. Qué estúpido pero también que feliz me sentía.

--¡Claro! Me trajo una grúa, unas palas y picos, tú sabes, para que juegue a hacer puentes y esas cosas, ¿Y a ti, te trajo algo? – bromeé con ella.

--¡Desde luego! A las niñas que nos portamos bien siempre nos traen lo que pedimos – ¡Ja! Estaba seguro que se había mordido la lengua al decir que era una niña.

--Entonces Santa si te trajo algo porque te portaste bien, ¡Buena niña! ¿Y cuales fueron tus regalos? – moría de curiosidad por saber qué me iba a responder.

--Una muñeca con su carreola y un juego de té, ya sabes para jugar a la casita – me tuve que aguantar la risa con todas mis fuerzas, verdaderamente era muy ocurrente.

--¿Necesitas practicar tú para eso Isabella? – le seguí el juego.

--La práctica hace al maestro, ¿No habías escuchado eso? – era rápida para contestar.

--Si, por eso yo siempre juego con mis juguetes – me burlé un poco.

--Claro, ese es tu problema – dijo casi para si misma.

--¿Cuál? – tenía curiosidad por saber.

--Que siempre estas jugando. Gracias por llamar Edward, ha sido lindo de tu parte, ah y oye… - no supe que responder ya que tenía toda la razón.

--¿Si? – pregunté con pocas ganas.

--Ten cuidado, se te puede romper tu “grúa” de tanto jugar – abrí los ojos enormes porque me agarró desprevenido. Ella y su doble sentido eran únicos.

--Ay Isabella, ¿Que voy a hacer contigo? - suspiré.

--¡Conmigo nada! Perdiste tu oportunidad Cullen – esa chica me estaba dando una paliza con sus respuestas.

--¡Oye! Siempre hay una tercera oportunidad, te lo puede decir cualquiera – y yo estaba más que dispuesto para rogar por la mía.

--Si, pero yo no soy cualquiera. Adiós Edward, feliz navidad.

--Feliz navidad Isabella.

Estaba totalmente de acuerdo con Isabella. Ella no era como cualquier chica, era tan especial para mi, que si me lo pedía le rogaría por mi tercera oportunidad. Sólo que debía tomármelo con calma, ya que después de todo lo que seguro pensaba de mí, no quería asustarla si de buenas a primeras le decía lo que sentía por ella además de que no me creería. Necesitaba irme despacio, con pies de plomo y con el corazón en la mano, eso ya lo tenía muy claro.

Como no quería acosarla, todos esos días casi viví en casa de mis padres escuchando o intentando escuchar todas las conversaciones de mis hermanos o de Rosalie que pudieran darme alguna noticia de Bella, pero por lo pronto mi urgencia era saber cuando volvía porque me estaba volviendo loco sin verla y sin tener noticias suyas, pero parecía que se habían puesto de acuerdo para joderme la vida porque nadie hablo de ella y mucho menos se mencionó su nombre durante todo ese tiempo. Pero como nada en este mundo es eterno, la espera termino y me enteré de su regreso al escuchar a Emmett hablar con Rosalie por teléfono.

--¿Y esta triste porque se le acabaron las vacaciones o qué cosa? – No bromeó mucho – está bien Rose quédate con Bella y dile que la veo en un rato, si, si, llevaré todo lo que me pides, ¡relájate! – creo que ni tiempo le di de colgar cuando ya estaba sobre él.

--¿Qué pasa con Isabella? – es un instante me invadieron los nervios por lo que me pudiera responder.

--No sé, está triste por algo. Rose está con ella, me pidió que les llevara algo para cenar y es lo que pretendo hacer si no quiero morir en sus manos – se encaminó a la puerta.

--¡Yo voy contigo!, ¡Apúrate Emmett!

En un dos por tres ya estaba en mi auto y rumbo a comprar la cena con el lento de Emmett. Se tardaban horas en el restaurante y yo necesitaba ver a Bella, saber si estaba bien y qué le ocurría. Por fin nos entregaron todo y pude dirigirme a su apartamento. Emmett subió primero mientras estacionaba mi auto. Cuando subí al elevador, intente calmarme, me comían los nervios pues no sabía si se alegraría de verme o me correría a patadas de su casa. Era una apuesta y tenía que jugármela. De frente a su puerta, sin dudarlo toqué el timbre. Abrió la puerta y al fin pude verla, tenía la preocupación impresa en el rostro además de estar sorprendida de tenerme ahí frente a ella.

--¡Bella! – no resistí el impulso de abrazarla fuerte y pegarla a mi cuerpo, de respirar su aroma, necesitaba decirle que no se preocupara por nada, que me lo dejara a mí. Sentí morir de alegría cuando sus brazos rodearon mi cintura apretándose a mí y su aliento entibiaba mi pecho, acaricié su nuca y respiré tan tranquilo como pude para alejarme de ella tomando su barbilla para verla a los ojos.

--¿Qué Sucede Bella? ¿Estás bien? – asintió y no resistí la tentación de abrazarla de nuevo para protegerla de lo que fuera que la tenía así.

--¿Cómo…?

--Emmett me dijo que Rose estaba contigo porque te sentías un poco triste. ¿Qué puedo hacer para que no estés así? Dime – necesitaba saber como reconfortarla pero ella sólo negó despacio con la cabeza.

–Nada, es una tontería ya se solucionará – no iba a presionarla para que me lo dijera si no quería, ya estaba ahí con ella y no iba a permitir que le sucediera nada.

--No creo que sea una tontería para que tengas esa carita triste, pero hermosa como siempre. Vamos, hemos traído todo lo que te gusta – la llevé a la cocina de la mano.

--¡Vaya! Creí que habían ido a conseguir un cuarto – ¡Puff! Mi hermanito ya se había tardado en hablar.

--¡Emmett! – Gritaron las chicas y luego Rose le dio un golpe en la cabeza - ¡Compórtate!

La ayudé a sentarse y la amenacé para que se quedara en su lugar - tú no te muevas ¿De acuerdo? Hoy nosotros te vamos a consentir- sonrió y no le quedo más remedio que aceptar.

--No estoy enferma ¿Sabes? – o al menos eso creí.

--Lo sé pero no me importa – levanté los hombros divertido.

Bella amaba la comida china y le habíamos llevado de todo, así que le serví un poco de cada cosa en su plato y de pronto se levantó para abrir una botella de vino que rápido le quité de las manos y le pedí que se sentara, buscando el sacacorchos que no encontré hasta que con la mirada le pregunté dónde estaba y de la misma forma me respondió. Y así entre los rollitos primavera que tanto le gustaban, arroz, pollo, chop suey y no se cuantas cosas más, platicando, dándonos de comer en la boca, robándole camarones de su plato, mirándonos, pasamos un rato único, al menos para nosotros, no sé de Rosalie y Emmett porque Bella y yo, estábamos en un mundo aparte.

Cuando estuvimos solos, llevé a Bella al sofá en el salón, nos sentamos ahí y la acomodé entre mis brazos, recostada en mi pecho le acariciaba suavemente la espalda, no necesitábamos hablar, simplemente disfrutábamos el contacto y sólo se escuchaban nuestras respiraciones. Se movió y acercó su cara a la mía, dudosa y necesité de mucha fuerza mantenerme tranquilo hasta que dijo mi nombre, sólo eso bastó para que la besara con desesperación. Había esperado mucho por eso, me había pasado días y noches enteras pensando en cómo reaccionaría si la llegaba a besar así y con la respuesta que me estaba dando, sólo podía estar agradecido por esta nueva oportunidad. Quería hacer las cosas bien esta vez.

--Bella… - tenía que salir de ahí, no porque quisiera irme sino porque si me quedaba no sabía si podría contenerme, pero ella no me lo permitió y honestamente no puse resistencia alguna.

--Shh, no digas nada. Está bien Edward – y me besó sorprendiéndome por la intensidad con la que lo hacía, acariciando mi pelo y mi cuello. Se separó de mí pero no podía permitirle que se alejara y la besé de nuevo recostándola en el sillón. Paseaba mis labios por su cuello, probándolo también mientras acariciaba su pelo y mi otra mano se aventuraba por sus costados buscando llegar despacio hasta su pecho preguntándome si no estaría llegando muy lejos otra vez. Decidí arriesgarme y toqué uno de sus senos, firme, urgente de mi contacto aún sobre su ropa. La oí gemir y me encendió, besándola con mayor intensidad.

Bella respiraba ya con mucha dificultad haciendo que su seno atrapado en mi mano subiera y bajara incitándome más, presionándolo contra mi mano y rozando su pezón duro y erecto. Bajé mi otra mano y acaricié igual el otro seno. No pude contenerme y mi cara descendió hasta ellos, besándolos. La miré y tuve que subir de nuevo a su boca para darle un beso intenso y recorrí su cuerpo con mis manos, la escuché gemir, tuve que controlarme y descansar mi cabeza sobre su pecho. No podía resistirme a ella, así que comencé a levantarme.

--¡No! – tomó mi rostro entre sus manos.

--Bella… - no me dejó moverme de su pecho, me volvió a recostar en él y acariciaba mi pelo de la forma más enloquecedora posible.

--No digas nada, sólo quiero tenerte así – me sonrió de una forma única y me quedé justo dónde ella quería y yo no deseaba moverme de ahí pero después de un rato de estar justo dónde yo había soñado muchas veces, me levanté un poco y besé toda su cara. La cargué en mis brazos y la llevé a su habitación. La recosté en su cama y de pronto me atrajo hacia ella y me beso ansiosa. Muy bien pude haberme dejado llevar y seguir mis impulsos pero sabía que si lo hacía podría tal vez no terminar muy bien esa situación. Debía tomármelo con mucha calma, aún cuando mi cuerpo y mi corazón protestaran, mi mente tenía razón.

Al día siguiente la llamé para ir al cine como habíamos quedado con Emmett y Rose.

--Edward – escuché su voz y parecía que se acababa de despertar.

--¡Que bién! Hoy no me confundiste con ningún gatito, ¿Lista para ir al cine? – bromeé.

--¿Ahora mismo? – parecía sorprendida.

--No, a las seis ¿es buena hora para ti? O podemos hacer otra cosa si quieres, un poco más temprano- Ojala respondiera que si y estuviéramos solos esa tarde, la quería sólo para mí.

--No, está muy bien.

--Entonces paso por ti a las cinco.

--A las cinco entonces, Adiós.

--Adiós Isabella – esa tarde no sería completa para mí, pero no importaba, íbamos a su ritmo y yo haría lo que fuera por ella. Antes de la hora, ya estaba tocando a su puerta y para mi alegría, ella ya estaba lista y más hermosa que nunca por lo que no resistí y la abracé de nuevo como el día anterior y no pareció molestarse en lo más mínimo, al contrario, sentí que esperaba que lo hiciera. Necesitaba hacerlo porque mi cuerpo me pedía a gritos que la tocara, que la pegara a mí y ¡por Dios! ¿No se daba cuenta de lo que podía provocarme vestida así? Lo único que sé, es que sus senos tenían impreso mi nombre en ellos y yo casi no podía resistirme a su llamado. La ayude a ponerse la gabardina y enrollé la bufanda a su cuello, atrayéndola hacia mi para besarla, disfrutando de cada parte de su boca, de su lengua, sus labios, de ese pequeño labio que moría de ganas de morder pero que sólo succioné. Iba a ser una tarde muy difícil y dura. ¡Muy dura! De eso no me cabía la menor duda.

La tomé de la mano y salimos de su casa, me sentía tan bien de estar así con ella que tenía en la cara una sonrisa enorme, seguramente parecería un idiota pero no me importaba, yo estaba feliz. En el auto le puse el cinturón. Cómo me gustaba hacerlo, era una estupidez pero sentía que me dejaba protegerla. La besé de nuevo y cómo se me estaba haciendo costumbre, le dí mi Ipod para que escogiera lo que quisiera poner, y me sorprendió al elegir a Jane Monheit. Cantaba jazz clásico y generalmente suave, no creí que le gustara. Y para aumentar mi sorpresa, también Diana Krall y Michael Bublé estaban entre sus preferidos.

En cada oportunidad que tenía volvía a besarla, era inútil para mí luchar contra esa necesidad, porque eso era. Una necesidad de tenerla pegada a mi cuerpo, besándola, de tenerla conmigo siempre… en un alto, puse mi mano en su muslo y la miré buscando su aprobación o alguna reacción. Al poner su mano sobre la mía creí explotar de alegría porque era un paso más ganado en mi largo camino para lograr conquistarla. Todo iba de maravilla. Al llegar al cine, tomados de la mano fuimos a encontrarnos con mis hermanos que ya nos esperaban. A Alice casi se le salieron los ojos cuando vió nuestras manos y Rosalie la escudriñó con la mirada.

Huyendo de sus admiradores, trataba de ocultarse un poco y aproveché para tenerla de nuevo entre mis brazos para evitar que la reconocieran, besé su coronilla y la apreté más fuerte, podría cuidarla toda mi vida.

Nos sentamos y había un poco de calor por lo que se quitó la gabardina y la bufanda. ¡Qué senos! Esa mujer me iba a matar. Para distraerme de esa imagen y antes que empezara la película, fui por palomitas y unos refrescos. Fue muy divertido darnos palomitas en la boca y luego jugar con nuestros dedos cuando se terminaron y tomó mi mano. Con eso, ya estaba seguro que Bella me había perdonado, pero aunque fuera así y con esas pequeñas acciones me lo demostraban, yo tenía que preguntárselo, tenía que pedirle perdón cara a cara, sólo así estaría tranquilo estando con ella.

Giré mi cara para mirarla con la luz de la pantalla y pasé mi nariz por su cuello y por su oreja, dándole un beso y se estremeció, ya conocía un poco más cómo reaccionaba su cuerpo ante mi. Bella hizo lo mismo un rato después pero desafortunadamente yo no reaccioné de la misma manera. Al besarme en la oreja Bella estaba metiéndome en aprietos ya que al sentir sus labios, mi cuerpo se encendió, mejor dicho, cierta parte de mi cuerpo la cual reaccionaba a voluntad propia y esa tarde su voluntad era tener a Bella, así que me alejé un poco porque no quería que se diera cuenta de cómo me prendía tan fácil con cualquier toque de su piel.

La película por fin acabó y esperamos a que saliera la mayoría de la gente para hacerlo nosotros. Bella hablaba con Emmett sobre la película cuando un par de chicos se le acercaron para pedirle que se tomara una foto con ellos. En ese instante mi mente dejó de funcionar, y más aún cuando ella aceptó y los chicos, uno a cada lado de su cuerpo, la abrazaron por la cintura muy sonrientes al igual que ella. Alice rebotaba frente a mí y no podía ver bien a ese par de idiotas que se habían acercado a Isabella, porque ella ya era mía.

La tomé por la muñeca para salir de ahí, para llevarla lejos de esos chicos, no quería que nadie la tocara, sólo yo, ellos no tenían ningún derecho y segundos más tarde me dí cuenta al zafar su muñeca de mi mano, que yo tampoco lo tenía.

--¡Edward!, ¿Qué pasa?, ¡Me lastimas! – jaló con fuerza su brazo y la solté.

--¿A dónde vas Isabella? – casi le grité pero ese enojo controlaba mis acciones, eso era nuevo para mi y no sabía muy bien cómo calmarlo a él y a mí.

--Voy a despedirme – me respondió en el mismo tono y me sorprendí al darme cuenta otra vez que no era como cualquier otra chica que yo hubiera conocido. Isabella nunca dejaría de luchar para defenderse, eso la hacía única, no como las otras chicas que se hubieran callado la boca para que no me molestara ni el aire.

De camino al auto ya un poco calmado, traté de tomar su mano para que viera que ya había olvidado el estúpido incidente que provoqué con mis celos, porque eso eran. Unos celos que jamás había sentido antes, no a esas magnitudes. Celos enfermizos que recorrieron mi cuerpo y se apoderaron de mí sin control. Bella mantuvo sus brazos junto a su cuerpo y después los cruzó sobre su pecho. No obtuve mejores resultados cuando traté de pasar mi brazo por sus hombros para abrazarla, para acercarla a mí y decirle que lo sentía. Ella avanzó un poco impidiendo que la tocara. Apreté los puños ante su obstinación aunque ella tenía toda la razón. Tenía que respirar muy hondo para tranquilizarme y pensar con claridad, ya que no quería que ese lío provocara que Isabella se alejara de mi.

Cuando al llegar al auto le abrí la puerta para que subiera, no protestó, así que hice lo mismo de mi lado y al inclinarme para ponerle el cinturón, Bella ya lo tenía puesto, lo que era una clara advertencia para mi: "¡Sigo enojada idiota, no te me acerques!" Suspiré de impotencia y encendí el auto.

--¿Quieres elegir otra cosa? – le pregunté, por si quería escuchar algo de música pero sólo movió la cabeza indicándome que no. No iba a ser tan fácil que me perdonara, lo entendía muy bien, ella no había hecho nada malo, era yo el que estaba mal por dejar que los celos me cegaran y eso ambos lo sabíamos.

--¿A dónde quieres ir a cenar? – volví a preguntar para ver si lograba hacerla hablar.

--No tengo hambre. ¿Me llevas a mi apartamento por favor? – no me quedó más remedio que aceptar y dirigirme a su casa. ¿Sería posible que por unos estúpidos celos estuviera retrocediendo en mi camino para llegar a ella? La respuesta era, por supuesto que sí.

Antes de que estacionara el auto ya se había desabrochado el cinturón, y apenas lo apagué, intentó abrir la puerta pero yo no le quité el seguro porque sabía que haría precisamente eso. Quería salir sin mi ayuda pero eso si no iba a ser posible para ella.

--¿Me dejas salir? – apenas la escuché por lo bajo que habló y me sentí como el más grande de los imbéciles por haber hecho que se sintiera así. Pude darme cuenta que más que enojada estaba triste y eso me hizo sentir mucho peor, pero me lo merecía por ser un perfecto cabrón.

--Permíteme – rodeé la puerta del auto para ayudarla a bajar y sorprendentemente aceptó mi ayuda aunque subimos en silencio hasta la puerta de su apartamento. Se dio media vuelta hacia mi cuando ya estaba abierta la puerta.

--Gracias Edward, por todo – casi no le salía la voz, pero era un hecho que se estaba despidiendo de mi. El miedo corrió por todo mi cuerpo y la miré para saber si en verdad deseaba que me fuera.

--Isabella yo … - en ese momento rogué porque me disculpara pero sólo salió de mi boca un apagado – lo siento.

Creí que iba a necesitar más que un triste y cobarde "lo siento" para que me perdonara pero de pronto escuché un débil pero muy esperanzador…

--¿Quieres pasar?
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lunes, 26 de julio de 2010

CAPITULO 13

CAPITULO 13

--¿Papá? – dije suavemente.

--¡Isabella! Te tardaste en llamar – si, Charlie estaba enojado.

--Papá, no tienes porque enojarte ¿de acuerdo? Yo te voy a explicar… - me interrumpió.

--¿Me vas a explicar porqué que utilizas a mis amigos para regalarme una camioneta? – ¡Dios, gracias!

Después de regañarme y quejarse de mi regalo, al final me dio las gracias y me dijo que le había gustado muchísimo. Ya tranquilo, le dije que no creyera lo que en los días siguientes saldría en la tele y en las revistas, que por favor confiara en mi y que cuando hubiera algo que tuviera que contarle lo haría antes de que se enterara por los medios. Nos despedimos y respire tranquila, pero esa tranquilidad se esfumó cuando pensé en llamar a mi madre.

¿Tenía que hacerlo? Ella me dijo que entendía todo esto. No, no la llamaría por ahora. Si ella no me había llamado, todo estaba bien.

Pedí de cenar a mi habitación y después de quitarme el maquillaje y ponerme una pijama de las que Sue me había regalado, cené una deliciosa hamburguesa con un vaso grande de leche tibia. Era lo mejor para un día de arduo trabajo. Jimmy sólo me observó con un tazón de ensalada y un rato después se fue a su habitación.

Escuché sonar mi teléfono e hice una mueca, había invocado a mi madre.

--¡Hola mamá! – saludé alegre.

--Mmm siento desilusionarte cariño, ¿Cómo te trata la ciudad? – ¡Oh Dios!, mi voz favorita.

--¡Hola! No me desilusionas, para nada – suspiré – y la ciudad me trata bien, supongo. Sólo tengo mucho frío.

--¿Frío? – Noté un poco de burla en su voz – que mala suerte tengo.

--¿Por qué lo dices?

--Porque si estuviera ahí te ayudaría a quitarte el frío – me reí.

--No creo que puedas hay de-ma-sia-do frío – recalqué.

--No me subestimes, tengo un método infalible y que ya he comprobado que funciona a la perfección – dijo seductoramente.

--¡Edward! – grité.

--No dije ninguna mentira Isabella, yo puedo ayudarte a entrar en calor, aún estando tú tan lejos – murmuró - ¿Quieres intentarlo?

--Edward no…

--Te garantizo que te va quitar el frío y además – hizo una pausa – te va a gustar.

--¡Edward Cullen! – estaba ruborizada.

--¡Y es gratis!

--¿Qué pensaría tu madre de esto? – pregunté dramática.

--¿Mi madre?, ¿Piensas decirle? – escuché su risita burlona.

--¿Qué sucede contigo?, ¡Estás loco! – Ya estaba nerviosa – eres imposible.

--Claro que no, todo es posible Isabella – su tono cambió – cierra los ojos.

--¡Voy a colgar! – amenacé.

--No hables. Recuéstate en la cama Isabella, relájate y déjate llevar por mi voz – dijo despacio y me recosté.

--Respira Bella, profundo – su voz pasó a ser mas seria - imagina que estoy ahí, contigo, mientras tus manos están alrededor de tu ombligo, paseando a su alrededor, haciendo círculos pequeños, como lo hacía yo. Siente mis dedos hacer cosquillas en tu torso Isabella, siente mi mano subir, acariciándote, pasando por tus costillas y recorrer tu piel hacia el otro lado. Déjame acariciar la piel entre tus senos, tus hermosos senos, quiero besar esa piel impecable tuya, pasar mis labios en ese espacio, mi lengua quiere recorrerlo. Quiero calentar cada lugar donde te toquen mis labios y mis manos, eres tan suave, tu piel se siente tan dulce bajo mis labios, quiero probarte…

--Tócate Bella, siente mis labios en tus senos…

--Edward, no … - dije con un hilo de voz.

--¡Tócate!

Era demasiado tarde para negarme, yo ya estaba haciendo lo que él me ordenaba, cada cosa que me decía y mientras lo hacía, lo imaginaba a él, en mi cama regalándome tanto placer.

--Siente mis dedos en tus senos, acariciándolos, siéntelos darles un suave masaje, presionando un poco, tanto como tú quieras amor, así Bella. Pasa tus dedos por tus pezones, suave, dime como están – me pidió pero mi voz no saldría de mi garganta.

--Duros, muy duros – respondí apenas.

--Eres una niña buena amor, ahora dime que haces, dime exactamente dónde y cómo te tocas, pídeme lo que quieras que te haga, hazlo, vamos – dijo con voz muy ronca, como si él también sintiera lo mismo que yo.

“¡Oh cielos!” ¡Edward… por todos los cielos! Con sólo imaginarlo, aquel latido que sentí aquella noche, se hizo presente otra vez, ahí, abajo. Mi respiración se hizo mas profunda y solté un gemido.

--Bella, dime, por favor, dime qué haces – era mas que una orden una suplica que salió de su voz grave.

--Paso mis dedos por mis senos, atrapando mi pezón y jalándolo despacio. Edward… - dije su nombre.

--¿Qué Bella?, Dime que es lo que quieres, ¡pídemelo!

--Quiero que tú me toques, como la otra noche, eso quiero. Que sean tus dedos los que aprisionan mis pezones, los que acarician mis senos. Quiero que pases tu lengua por ellos, que los beses, tierno, suave. Que tus dientes me den mordiditas, y luego también en mis pezones, que los jales con ellos, despacio.

Lo escuché gemir y mi excitación creció. No me había equivocado, el también se estaba tocando. Oh Dios, quería verlo y ser yo la que lo tocara y le hiciera sentir todo, como él a mí.

--Continúa Bella – me pidió y noté que cada vez se le hacia mas difícil mantener el tono calmado de su voz.

--Edward, quiero que tu mano me acaricie alrededor del ombligo, que dibujes cosas ahí, y luego que la vuelvas a subir por mi costado mientras tu boca me besa el cuello y tu lengua pasea también por ahí. Y tu mano, que… baje un poco… - pensé mucho mis palabras y por un momento hubo silencio.

--¿Quieres que mi mano baje y acaricie tus muslos?, ¿Qué intente llegar mas adentro?, ¿Me dejarás de nuevo amor? Oh Bella, eres tan suave, necesito tocarte y besarte. Abre las piernas Isabella, tócate como si fuera yo, que bajo mi mano por entre tus piernas y te acaricio más adentro, como tú quieres. Mis dedos se abren paso para tocarte y acariciar tu clítoris, ¡Oh Dios, casi puedo sentir lo húmeda que estás! Presiónalo, suave amor, despacio.

Mis gemidos eran bastante audibles y ya no podía reprimirlos, necesitaba salir del torbellino que ya se había formado y me tenía elevada, un poco más, sólo un poco más y me soltaría al exquisito vacío.

--Bella, amor, por favor, desliza un dedo en ti, siéntete por mí, disfrútate por mi – su voz me indicaba una agonía, lenta, pero que la estaba disfrutando tanto como yo. Esta vez no lo dudé e hice lo que me pidió. Un gemido fuerte me sorprendió seguido de un jadeo, que le indicó que había seguido sus instrucciones.

--Así amor, lentamente sácalo y vuelve a deslizarlo en ti – su respiración estaba bastante agitada y escucharlo me excitaba mucho más – ahora cielo, muévelo adentro, en círculos, hazlo despacio, sin prisas – ya hablaba con mucha dificultad – trata de sentir todo lo que esta alrededor de él, tócate por dentro, hazlo para mi Bella.

Mis jadeos ya eran le indicaban que no me faltaba mucho y yo sabía que a él tampoco. Estaba haciéndolo conmigo.

--¡Edward! – dije su nombre agitada.

--Ya casi cielo, no dejes de moverlo, ¡siéntete! – fue lo último que le escuché decirme porque el torbellino que me tenía suspendida en lo más alto, me soltó.



--¡Edward! – grité mientras sentía mi cuerpo soltarse y caer, disfrutando de la sensación de perderme en ese delicioso vacío. Mi cuerpo temblaba, se convulsionaba de placer. Era tan intenso que no me permitía pensar. Por unos instantes no tenia voluntad propia, mi cuerpo reaccionaba sólo. Sólo tenía un dueño aunque en ese preciso momento, él no estuviera junto a mí.

Basto solamente que Edward me escuchara llegar al orgasmo que hábilmente fue capaz de hacerme conseguir, para que lo escuchara decir mi nombre en un grito de placer.

--¡Oh Isabella! – seguido de un profundo gemido y luego un silencio acompañado de su respiración agitada. ¡Oh, como amaba a este hombre!

Tardamos un par de minutos en recuperarnos del insuperable orgasmo que acabábamos de compartir. Solo nuestras respiraciones se escuchaban por el teléfono. El se recuperó más rápido que yo.

--Bella – dijo suavemente pero no pude responderle de inmediato – Mi niña, ¿estás bien?

--Mmm - aún no me recuperaba del todo.

--¿Bella? – insistió.

--Edward… - dije apenas.

--¿Cómo estás amor? – dijo con voz ronca aún y muy tierno.

--Muy bien, ¿creo?

--¿Ya se te quito el frío? – ese hombre era imposible.

--No sé que siento – balbuceé – si, creo que si.

--¡Buena niña!, descansa – murmuró – y si te vuelve a dar frío, sólo llámame, no importa la hora.

--¡Edward! – lo llamé, pero ya había colgado. ¿Cómo me hacia eso? ¿Cómo me dejaba así? Sonreí y me estire, mis músculos apenas protestaron, ya estaban muy relajados. Ya no tenía frío.

¿Alguien podría explicarme que acababa de ocurrir? Eso había sido sexo puro ¡por teléfono!

¡Dios mío! Edward me estaba volviendo loca, lo amaba demasiado. Este juego estaba resultando peligroso y yo ya ni sabía en que etapa de el estaba. ¿Entre tercera y Home?, ¿Se podía ese punto intermedio?

Contrario a lo que pensé, esa noche dormí estupendamente. Calientita, sin frío. A la mañana siguiente me levanté, me di un baño y Jimmy llegó a mi habitación para desayunar. Entró como un tornado quejándose del frío y la nieve en lo que yo servia café en las dos tazas.

--¡Tengo congelado hasta el trasero! – Gritó - ¿No se les pudo ocurrir hacer su semana de la moda en otra época? – me reí.

--¿Y tú? ¿Por qué tienes esa sonrisa … - no termino de hablar y entrecerró los ojos al verme, sospechoso – ¿Bella? – preguntó.

--Dime – dije inocente porque ya sabía por dónde iba, ¿era tan evidente?

--Edward – adivinó – te llamó anoche, lo sé. ¿Qué te dijo? – me ruboricé al recordar nuestra “plática” y me giré para que no me viera. Y de reojo pude ver que se llevaba una mano a la boca, sorprendido.

--Esa sonrisa, tu buen humor y ese brillo en las mejillas… - dudó en terminar su frase - ¡Ay no Bella, no quiero saber!

--Que bien Choo, ¡porque no te voy a decir!

--Bella… - dijo y cerró los ojos al mismo tiempo que negaba con la cabeza.

Los cuatro días siguientes, tuve desfiles y después de estos, siempre había pequeñas fiestas privadas que terminaban hasta el amanecer. Yo me regresaba al hotel terminando los desfiles, acababa agotada y necesitaba dormir bien para no lucir cansada al día siguiente.

Edward no había vuelto a llamarme aunque si me mandaba mensajes de texto casi todos los días y eso estaba muy bien porque si sólo con los mensajes estaba en la luna, si escuchaba su voz o se volvía a repetir la llamada de la otra noche, hubiera estado en muy graves problemas. Ya estaba demasiado distraída con los mensajes y necesitaba estar concentrada en mi trabajo.

Sus mensajes no tenían nada del otro mundo, pero sólo con saber que se tomaba unos minutos al día para escribirme, me bastaba para hacerme feliz el día completo.

"Isabella, espero que tengas
un buen día"
Edward Cullen.

***

"Suerte en tu desfile
de esta tarde"
Edward Cullen.

***

"Duerme bien"
Edward Cullen.

***

Eran mensajes inocentes pero de alguna manera me indicaban que no estaba tan perdida, que iba por buen camino. Sabía que Edward me quería decir algo escribiendo mensajitos inocentes, él no era el tipo de persona que los mandaría sólo porque le caía bien, ¿No? Así que intenté no parecer muy ansiosa y le contestaba tan neutral como podía pero sin dejar de ser un poquito coqueta.

"Gracias Edward, Que tu
día sea tan bueno
como el mío"
Bella S.

***

"Gracias por desearme suerte.
Lindo detalle de tu parte"
Bella S.

***

"Duerme Rico
tú también"
Bella S.

***

La “semana de la moda” terminó. Traté de no pensar mucho y de distraerme un poco en la fiesta de clausura pero estaba agotada y la verdad era que sólo quería huir al hotel y dormir. Aún me quedaban varios días de trabajo y necesitaba mucho descansar.

--Ven, quiero presentarte a unas personas – dijo Ágata, una amiga de Ángela que también era agente de varias modelos ahí en Alemania. Nos movimos un poco hacia un grupo de personas que estaba en un área un poco más privada del lugar y noté a varios hombres que parecían de seguridad, trataban de pasar desapercibidos pero era inútil, ya que con esa estatura y sus inconfundibles rasgos árabes resaltaban entre la gente que en su gran mayoría, éramos un poco pálidos.

Me presento a varias personas y entre ellas a Rashîd Al Jalaf, un príncipe árabe que antes de tomar mi mano, hizo un saludo.

--Es un verdadero honor Bella – se inclinó y besó mi mano – las fotografías no le hacen justicia.

--Gracias – dije – pero por favor, no me hable de usted.

--Si tú haces lo mismo estaré muy agradecido – me sonrió con sus ojos verdes, pero no tan bellos como los que yo amaba tanto.

--¡Así que tú eres el nuevo “juguetito” de Edward Cullen! – una sarcástica voz femenina escupió esas palabras detrás de mí. Sentí como si hubiera recibido un golpe en el estómago pero disimulé y con una sonrisa divertida giré para ver la cara de la estúpida mujer.

Una rubia platinada, no mucho más alta que yo, me miró con una sonrisa aún mas amplia que la mía. Sus ojos azules me analizaron de arriba abajo y se llevó el dedo índice a la barbilla antes de decirme:

--Pero, ¿en qué estaría pensando Edward? ¡Si eres una niña! – maldita sea, ¿Dónde había escuchado eso antes?

--Gracias por el cumplido “señora” – hizo una mueca de disgusto mal disimulada cuando remarqué la última palabra, no iba a dejarme de nadie y disfruté mucho cuando me dejó ver su enojo al llamarla “señora”. Ella no era una mujer muy mayor, estaría alrededor de los veintiocho años, pero yo también podía ser irónica de vez en cuando y mucho más para defenderme de comentarios mordaces como el suyo.

Ágata estaba demasiado nerviosa por el tono de la mujer y también porque notó que era una franca provocación hacia mí. El príncipe le lanzó una mirada de advertencia y ella cambio de actitud, o al menos intentó fingir que lo hizo.

--Bella, ella es Irina Van Draus – dijo con visible incomodidad. Hice el intento de darle la mano pero antes de tocarla por completo, la retiré.

--¡Oh, que tonta, ya es muy tarde! – La miré con el mismo sarcasmo – lo siento, ha sido un placer, pero debo irme, que pasen una buena noche.

--A tus pies Bella – dijo el príncipe y le sonreí amable.

En menos de un minuto ya estaba junto a Jimmy y lista para irnos, estaba tan contento que ni siquiera notó que yo estaba más callada que de costumbre. Ya en mi habitación del hotel, me desvestía mientras pensaba que era exactamente lo que había tenido que ver esa mujer con Edward y por más que trataba de buscar una explicación que no me doliera tanto, no lograba encontrarla.

Estuve tentada a llamarlo, ¿pero que le diría? Solo lograría quedar como una tonta y no me convenía, así que me mordí la lengua, me amarré mis ganas y no hice ninguna llamada.

Los días que pasaron antes de regresar a Nueva York fueron un martirio porque en mi cabeza solo podía escuchar las palabras de Irina Van Draus “eres el juguetito de Edward”, “solo eres una niña”. Esa palabra era mi constante pesadilla y ahora le agregaba otra “juguetito”. Así que cuando al fin terminamos en Berlín y volábamos de regreso a Nueva York, me decidí a actuar para que ese par de palabritas ya no me brincaran en el cerebro.

Apenas pude descansar del viaje a Alemania, teníamos varias chicas y yo, Rosalie incluida, la promoción del Baile de Caridad que se hacía cada año y en el cual ya tenia dos años de colaborar. Como en todos los eventos a beneficio, se donaban las ganancias a una institución que los administrara. Este año seria a beneficio de los niños con diabetes y varios hospitales recibirían los donativos, entre ellos el Mount Sinai Medical Center. ¡Que ironías de la vida!



Tom me abrió la puerta de la camioneta y me bajé acomodando el impecable traje sastre blanco a mi cuerpo. Con el cabello lacio, me veía como toda una mujer de negocios con carácter fuerte pero super femenina. Esa mañana grabaríamos un breve video para mostrar la noche del baile, el área dónde estaban los niños que iban a recibir la ayuda de los donadores y que iba a ser renovada y ampliada. Carlisle llegó y me saludo muy efusivo.

--¡Bella! Hija que bueno verte – me abrazó y me dio un beso en la mejilla. Todos alrededor se nos quedaron mirando echándole leña al fuego donde se cocinaban los chismes que circulaban por ahí.

--¡Carlisle! ¿Cómo estás? ¿Cómo está Esme? – le sonreí mientras me pasaba un brazo por los hombros y caminábamos a su consultorio.

--Ah, ocupada con un proyecto, ya sabes – se sentaba detrás de su escritorio – una renovación, esta vez es una biblioteca antigua. Por cierto, nos alegraría mucho si vinieras a cenar.

--Oh no sé, la promoción del baile me tiene un poco ocupada también, aunque seria bueno visitar a Esme.

--Claro, no es nada formal. Le encantara verte y mostrarte donde colocó tu regalo.

Terminamos de grabar explicando que mejorías se le podrían hacer al área de los niños diabéticos con el dinero donado y animándolos a donar más para tratar a más niños. Aún era temprano y Jimmy no quiso acompañarme así que decidió ir de una vez a casa de los Cullen para retirarme más temprano también. Llame a Rose para vernos ahí pero aún no terminaba de grabar en el hospital donde le tocó hacer el video y además estaba algo cansada, así que no iría esa noche, pero quedamos en comer al día siguiente.

Subía por mis tres escalones favoritos cuando Esme abrió la puerta dándome la bienvenida. Me abrazó fuerte y con cariño, pasamos al salón y me enseñó dónde había colocado la imagen que les había regalado. Platicamos un rato y después de preguntarme por mis padres y algunas cosas de mi trabajo, llegó Carlisle con Alice y Jasper. Para mi suerte sólo cenaríamos nosotros cinco, los demás estaban muy ocupados con sus trabajos.

Alice era tan ocurrente que nadie jamás podía aburrirse con ella y nos tenía a todos hipnotizados contándonos sus aventuras de esa mañana en el centro comercial. Por un momento Jasper hablaba con Carlisle y Esme cuando Alice me preguntó como si nada.

--¿Cómo van tu y Edward, Bella? ¿Ya se conocen mejor? – y sentí cómo toda la sangre de mi cuerpo subía a mi cara al recordar que tanto nos conocíamos ya.

--¡Alice! – Abrí los ojos – no nos conocemos mejor Alice, todo esta justo como la tarde del cine.

--Tranquila, ya verás como se ponen al día todas las cosas – me palmeaba la espalda, bufé y la miré como si estuviera equivocada. Me despedí y agradecí la cena prometiendo a Esme no desaparecer tantos días, tomé mi abrigo, me dirigí a la puerta y una vez afuera me tope casi de frente con una muralla de pectorales en extremo fuertes.

--¡Isabella que sorpresa! – y si, en realidad fue una sorpresa para ambos.

--Edward – dije mirándolo con mi ceja malévola, como él le llamaba.

--¿Mucho trabajo en la oficina? – me escudriñó con la mirada, indiferente, frío. ¿Dónde estaba el Edward de hace apenas varios días?, No importaba, yo ya no era la dulce tonta tampoco.

--Si, un poco, ya sabes, mucho papeleo – respondí coqueta y me acerqué a darle un beso en la mejilla poniendo mi mano en su duro pecho – te dejo, mañana continúa mi “papeleo” en la oficina – sonreí – fue un gusto verte – dí un paso hacia atrás y comencé a caminar hacia mis tres escalones pero me siguió y me tomó por la cintura. Me detuve al tenerlo tan cerca y por sus manos que me sostenían tan firmes. Su aliento en mi nuca casi me hace flaquear y girarme para besarlo con todas mis fuerzas.

--¿Me extrañaste Isabella? – preguntó con su voz seductoramente sexy.

--La verdad es que… - hice una pausa quitando sus manos de mi cintura y volteando para poder ver bien ese rostro tan perfecto – la verdad es que no Edward, tuve muy buena compañía – me mordí el labio.

--¿Ah si? Creí que solo eran amigos, compañeros de trabajo – noté que tensaba las sienes.

--¿Lo dices por Marco? – Me reí – no te equivocaste, es un buen amigo, pero ¿Irina Van Draus? – Dije fingiendo estar emocionada – es una “señora” tan linda, ahora comprendo porque te chocan las “niñitas”, si puedes andar con “señoras mayores” ¿Por qué no? ¿Para que perder tu tiempo no? Vas a lo seguro ¡Bien por ti!

Ver ese rostro no tenía precio. Abrió los ojos tan grande que casi se le salían y esos labios que alguna vez me habían besado tan suaves, los tenía entreabiertos por la sorpresa al oírme mencionar el nombre de esa mujer.

--Buenas noches Edward – pegué mis senos ya duros del deseo que me provocaba a su pecho para besarlo de nuevo – nos vemos luego – mis labios estaban cerca de su oreja.

--¡Espera! ¿Qué te dijo Irina? – dijo enojado o tal vez un poco ¿asustado?

--¿Irina? Nada, ¿Qué podría decirme Edward? – Pregunté inocentemente ladeando mi cara – es tarde ya, tengo que irme.

Bajé los escalones tan rápido como pude dejándolo ahí parado viéndome partir. Tom abrió la puerta y rápidamente me subí.

--Vamos Tom, necesito llegar rápido a casa – tenia apenas un poco de voz.

Condujo velozmente pero con mucha precaución y llegamos en muy poco tiempo a mi apartamento. Tom se despidió de mí y cuando cerré mi puerta se fue. Fui a mi baño y en el camino iba dejando piezas de mi ropa. Ana, la chica que limpiaba mi apartamento seguro me odiaba por dejar siempre la ropa tirada por toda la casa. Era una costumbre que no me podía quitar. En bragas solamente, me cepillaba los dientes y después me quité el maquillaje. Saqué una camiseta de mi closet cuando escuche el timbre de la puerta. Tom habría olvidado algo seguramente. Me envolví en una bata de baño y fui a abrir.

Cual fue la sorpresa que me lleve cuando encontré en lugar de Tom a Edward parado en mi puerta.

--Edward, ¿Qué haces aquí? – pregunté apretando mi mano por la orilla de mi bata sobre mis senos. Edward entró sin pedirme permiso, creo que ya no lo necesitaba.

--¡Claro!, pasa, estás en tu casa – dije muy cínica.

--Sólo quiero saber que fue exactamente lo que te dijo Irina – me miró con los ojos verdes ardiendo por su enojo. ¿Por qué estaba tan enojado? ¿No debía ser yo la ofendida?

--Relájate Edward, ya te dije – quité la mano sobre mi pecho dejándolo un poco visible – es una “señora” – recalqué de nuevo – muy linda, sólo me dijo que yo le parecía muy pequeña como para ser tu amiga y yo lo entiendo muy bien. Tú me advertiste y ahora que entiendo porqué ella lo dice, me queda clarísimo que conmigo te aburrirías. ¿Quién no llega a hartarse hasta de sus juguetes nuevos? – seguía hablando como falsa niña provocadora.

--Isabella – comenzó a hablar pero me acerqué a él y me incliné un poco dejándole ver un poco más de mi pecho. Esta vez vio casi completos mis senos y su mirada cambio.

--No te preocupes Edward – le sonreí con fingida resignación – ya entendí - me pasé la lengua mojando mi labio inferior – además no sé porqué te preocupa tanto lo que una estúpida chiquilla piense.

Se pasaba ambas manos por su cabello tan despeinado como siempre. Ansioso y enojado, seguro que conmigo por estar jugando con él.

--Ya nos divertimos un poco, ya me quitaste el frío – lo miré con mi ceja levantada - ya cada quién su camino ¿No? Ya te cansó tu juguetito nuevo ahora lo que sigue – esas palabras hasta a mi me dolió decirlas. Levantó la cara y me miró, ví su mandíbula apretada.

--¡Tú no sabes nada! – se contuvo para no gritar por completo.

--No, tienes razón, mi cerebro infantil no puede procesar tus divinos conocimientos – mi voz era más melosa para fastidiarlo – tal vez cuando crezca… - no pude terminar la frase porque me tomó de los brazos y me besó salvajemente.

Me moví bruscamente queriendo salir de sus brazos y traté de alejar mi rostro del suyo. ¿Por qué me besaba así?

--¡Suéltame! – Grité mientras forcejeaba - ¡Suéltame!

--¡No! – respondió mientras me levantaba en sus brazos.

--¿Qué haces? – Ya no podía ocultar mi sorpresa - ¡Bájame!

Mi sorpresa se transformó en miedo cuando noté que me llevaba a mi habitación.

--¡Edward! ¿Qué haces? – Lo golpeé en el pecho pero era como haberle pegado a un muro - ¡Déjame!

--¡No Isabella! – Estaba furioso y yo no podía hacer nada – ¡Estoy harto de todo esto!

Me tiró sobre la cama y me quedé helada al ver que se desabrochó el botón de los jeans y se desfajaba la camisa. El aire abandonó mis pulmones y mi voz mi garganta al darme una idea de lo que pretendía hacer. Me di vuelta en la cama para alejarme pero él era demasiado rápido, me tomó por un tobillo y me jaló hacia él. Con la otra pierna le lancé un par de patadas pero no pareció inmutarse porque también la tomó por mi pantorrilla y así pudo acercarme a él dejándome en la orilla de la cama y con mis piernas a ambos costados de su cuerpo. La bata que llevaba estaba hecha hacia un lado dejando la mitad de mi pecho desnudo y aunque traté de cubrirme no pude, haciendo que en mi rostro aparecieran lágrimas de impotencia y miedo.

Tampoco con mis piernas podía hacer mucho ya que Edward estaba de pie a la orilla de la cama y las sostenía alrededor de sus caderas, así que sólo me quedaba el retorcerme como pudiera y no dejar de luchar. Si iba a tomar algo de mi, no le iba a resultar muy fácil. Me dejó luchar para tratar de escaparme de la posición en la que me tenia y cuando notó que ya mis fuerzas habían disminuido y me movía mas difícilmente, sólo cuando estuvo seguro de que el agotamiento me había vencido, sólo así, me soltó y terminó de desabotonarse la camisa frente a mi, mirándome fijamente, anunciándome lo que estaba a punto de ocurrir.

El miedo me impedía hablar y mucho menos gritar, pero no impedía que las lágrimas dejaran de salir por mis ojos y corrieran por mis empapadas sienes. No sollozaba, las lágrimas solo salían en silencio. No tenía ni siquiera las fuerzas suficientes para cubrir mi cara con las manos. Estaba perdida.

--Ahora si Isabella, ¿Decías? Ah si, decías que yo sólo juego ¿No? – Mi mirada estaba perdida, sin mirar nada – que me canso muy rápido de mis juguetes ¿No?

Se inclinó sobre mí, entre mis piernas, rozando la nariz por mi ombligo y subiéndola despacio, pero la bata atorada debajo de mi cuerpo se lo impidió. Todo mi cuerpo temblaba, no podía evitarlo pero eso a él no pareció importarle en lo más mínimo. Desató el nudo de la bata en mi cintura y me desnudó por completo el pecho. Así estuve la ultima vez que nos vimos, solo unas bragas pequeñas me evitaban la desnudez total.

--Esto era lo que querías ¿No?, ¿No por esto me provocabas tanto? – suspiró mientras me acariciaba los senos con ambas manos. Intenté moverme pero aún no podía, el calor de sus manos en mis senos me retenía ahí pero algo en mi interior gritaba ¡No!

--Pídemelo… – dijo, rozando sus labios por el valle de mis senos, subiendo por mi cuello – ¡Pídemelo Isabella!

Haciendo el más grande esfuerzo, logré murmurar algo apenas audible.

--No – respiré profundo – Por favor, así no…

Su rostro pasó de estar lleno de deseo y rabia a uno totalmente confundido. Se quedó helado ante esas palabras que bastaron para que se desplomara sobre mí con todo su peso y al darse cuenta se movió y sólo dejó su rostro descansando entre mis senos. Permaneció así un largo rato, sin moverse mientras yo me recuperaba. Pasó un brazo sobre mi cintura aferrándose a mí.

--Perdóname Bella – dijo débilmente – por favor, perdóname.

Al escuchar sus palabras sentí que me apachurraban el corazón. Levanté mi mano y suavemente empecé a acariciar su cabello, despacio. Amaba a Edward y su dolor también me dolía. Había actuado por impulso, un impulso provocado por esa mujer Irina y por mi.

--¿Qué haces? – Preguntó confundido ante mis caricias – No deberías… - trató de terminar su frase pero lo interrumpí.

--Perdóname también – seguía acariciando su cabello – actué mal – logré decir.

--¿Y yo no? – preguntó arrepentido.

--Edward…

--Dime amor – ese era el hombre de quien estaba enamorada, del tierno y amoroso Edward.

--¡Abrázame por favor! – no me contuve y lloré a todo pulmón.

--¡Bella! ¡Perdóname! – Repitió - ¡Soy un estúpido! – se incorporó y se sentó envolviéndome en sus brazos, yo me hice un ovillo en su regazo, incapaz de levantar la cara y mucho menos de dejar de llorar. Me mecía al mismo tiempo que me daba besos en la coronilla y me abrazaba más fuerte.

Me fui calmando poco a poco y lo rodeé por la cintura, no iba a dejarlo ir, ya no. Despacio, fue recostándose en la cama cubriéndome con las mantas. Un rato después, cuando creyó que ya me había quedado dormida, quiso acomodarme para levantarse pero no lo solté.

--¡No Edward! – Le rogué – ¡No me dejes! – y las lágrimas volvieron a inundar mis ojos.

--No amor, voy a ir a ningún lado, sólo iba a buscar algo para que te pongas, no puedes quedarte así – me tranquilizo. Le señalé la camiseta que había dejado sobre la silla y me ayudó a ponérmela. Hizo a un lado las sábanas con él edredón y me metí debajo, esperándolo. Se quitó los jeans quedándose en sus bóxers grises de algodón y apagó la luz de la lámpara sobre mi mesita. Se acostó en mi cama, junto a mí, abrazándome, recostándome en su pecho. ¡Que bien me sentía entre sus brazos!

Esa, sin duda, era la noche más feliz de mi vida. No importaba el mal rato de antes, no importaban las palabras de Irina, no importaba nada que no fuera el hombre que me abrazaba y que dormía en mi cama. Edward, mi Edward.

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jueves, 22 de julio de 2010

CAPITULO 12

CAPITULO 12

Esa noche dormí muy bien pese a que tenía encima el problema de Angela, gracias a mi pedacito de sueño real patrocinado por el mismísimo Edward Cullen.

Decidí que solo habían dos soluciones, una, o Angela entraba en razón y respetaba mis decisiones como estaban descritas en el contrato o dos, tendría que encontrar otro agente. No iba a amargarme el domingo que pintaba tan bien.

Hable con Jimmy y vendría a desayunar para hablar del asunto y contemplar las opciones que teníamos. Llego muy puntual y como siempre, impecablemente vestido con jeans pero parecía salido de una revista.

--Bella, ¿Cómo estás Darling? – me dio un beso en cada mejilla.

--Bien Choo – dije mientras servia jugo de naranja en dos vasos – estoy bien.

Jimmy miraba extrañado los platos que no había guardado la noche anterior y contaba también las copas.

--¿Tuviste invitados Sweety? – se giró para mirarme curioso.

--Rose, Emmett y… – hice una pausa a propósito –… Edward.

--¡No! – se llevo una mano a la boca y abrió los ojos enormes – ¡Cuéntamelo todo!

--Te juro Choo que siento que algo esta cambiando en él, lo sé – me senté en una silleta en la barra – ayer lo comprobé, no me rechazó, ni me salió con el mismo cuento. Se portó tan lindo que no lo podrías creer.

--Si lo podría creer, salvo su lema ese de “no compromisos” he visto con estos ojitos que es buena persona y además todo un caballero – mordió una manzana – yo quiero uno así.

--¡Espera! ¿Entendí bien? – frunció el ceño y yo sonreí feliz.

--¿Bella? – la misma pregunta de Rose.

--No, nada de eso … aún - agregué.

--¿Primera base? – levantó las cejas - ¿Segunda? – sonreí - ¿¡Isabella!?

--Segunda creo, nada más – confesé – ¡pero que segunda!, hoy vamos al cine con todos, ¿vienes?

--¡Ni loca! – rodó los ojos – ¿Yo sin pareja viéndolos como derraman miel? No Darling, ¡Too much for me!

--Bueno, olvidemos eso un momento y concentrémonos – dije seria - ¿Qué vamos a hacer?

--Lo lógico, trabajas todos los contratos firmados sin los compromisos de televisión, le das tiempo para pensar y si no reacciona, buscas otro agente, pero tienes mínimo siete meses de trabajo firmado – dijo muy profesional – tú no vas a dejar de cumplir, en dado caso ella es quien no te cumplió a ti.

--Si, está claro que eso tenemos que hacer, solo quería oírtelo decir – me levanté y le pasé un brazo por el hombro – ya sabes que sin ti no muevo un dedo.

--¡Darling! Me vas a hacer llorar y no quiero, ¡es domingo!

--Está bien, no te haré llorar diciéndote cuanto te quiero, no lo haré – me burlé.

--Eres de lo peor Bella – se tapó la cara con las manos – por cierto, ¿ya estas lista?

--¿Para Berlín? – asintió – si, ¿es mucho tiempo?

--Dos semanas, nos vamos mañana y regresamos el 18, tienes el baile a beneficio ¿recuerdas?

--Ah si, lo había olvidado – me quedé pensativa.

--Es el 23 y desde que lleguemos, tienes todos los días un evento para promocionarlo – revisaba las fechas y eventos en su inseparable laptop – luego empiezan los preparativos, pruebas y ensayos para la “Fashion Week de Nueva York” y empezamos las campañas de Chanel aquí.

--¡Ah! Bueno – suspiré – al menos solo son dos semanas fuera este mes.

Jimmy se fue casi al medio día después de revisar bien todos nuestros compromisos minuciosamente. Me serví más jugo y me metí de nuevo a la cama. Aún tenía tiempo para descansar antes de empezar a arreglarme para ir al cine. Me dormí un rato más y me despertó mi teléfono.

--Edward – dije.

--¡Que bién! Hoy no me confundiste con ningún gatito – dijo alegre - ¿Lista para ir al cine? – Edward y su preciosa voz despertándome de mi sueño.

--¿Ahora mismo? – me alarmé.

--No, a las seis ¿es buena hora para ti? – me senté en la cama – podemos hacer otra cosa si quieres, un poco más temprano.

--No, está muy bien – respondí.

--Entonces paso por ti a las cinco.

--A las cinco entonces, Adiós.

--Adiós Isabella - ¡Isabella otra vez!

Me levanté deprisa y me di un baño, me sequé el cabello como siempre y fui a mi closet para ver que ponerme. El objetivo era atraerlo, al menos por ahora, así que decidí frustrarlo un poco, inocentemente claro. ¿No era yo una niñita?

Un brassiere “push-up”, con mi blusa beige muy pegada por no decir embarrada de cuello muy alto, leggins negros, una gabardina corta y bufanda Burberry. Con mis botas negras se vería muy bien. Como siempre, polvos sueltos en mi cara, un poco de rímel y Gloss con un poquito de color. Mi coleta y mi perfume, lista.

Mucha ropa encima, muy tapada, tenía que tentarlo. Indiferente no le era así que debía valerme de eso. Ayer había llegado a segunda base, como decía Jimmy, y así era como debía mantenerlo hasta que quisiera mas y luego…



Cinco minutos antes de la hora estaba tocando a mi puerta y yo no lo hice esperar. Abrí la puerta y admiré lo guapo que se veía. De jeans negros que le quedaban perfectos en esos muslos que se veían tan sólidos, una camiseta debajo de una chamarra de piel, todo vestido de negro. Ese cabello rebelde tan suave y esa barba de dos días. Irremediablemente guapo.

“Dios mío, lo hiciste perfecto”

--Isabella – me miró de arriba abajo y sonrió – estás hermosa.

--¡Gracias! – le sonreí coqueta. Me abrazó y como lo había hecho el día anterior, me pegó a su pecho y enterró su cara en mi cabello. Su olor me cautivó como lo hacia siempre y sentir la dureza de su pecho en mi rostro fue abrumador.

--¿Cómo estás? – me preguntó sin soltarme y yo apreté más mis brazos alrededor de su cintura, era muy alto - ¿Dormiste bien?

--Estoy muy bien y dormí perfectamente – murmuré.

--Puedo verlo claramente – agregó y nos separamos. Respiré hondo haciendo ligeramente los hombros hacia atrás y me miró dónde y cómo yo quería - ¿nos vamos?

--Si – respondí mientras iba por mi gabardina. Lo tomó de mis manos y seguí respirando muy profundo al ayudarme a ponérmelo. Agarró la bufanda la enrolló en mi cuello y me atrajo hacia el. Me besó tomando mi cara entre sus manos, tierno, sin prisas, ni urgencias. Sentí sus labios acariciar tiernos los míos, moviéndose lento, tomando entre ellos mi labio inferior y succionándolo. ¡Oh, eso me encantaba!

--¿Ahora si nos vamos? – preguntó con su boca aún cerca de la mía.

--Vámonos – dije ladeando mi cara.

Tomó mi mano y salimos de mi casa. En el elevador sólo nos mirábamos por los espejos y sonreíamos como tontos, llegamos a su auto y me ayudo a subir. No intenté ponerme el cinturón porque sabia que él lo haría y lo tendría de nuevo muy cerca de mi. Y no me equivoqué, se subió al auto y se inclinó sobre mí para abrocharme el cinturón, yo me mantuve ligeramente hacia delante, giró su cara y me besó una vez más.

Yo estaba feliz, estaba segura que esta noche también llegaríamos a segunda base, no podía esperar. Antes de encender el auto me dio su Ipod.

--Elige lo que quieras – dijo seguro.

--A ti ¿Qué te gustaría escuchar? – le pregunté mientras lo revisaba. Tenía de todo, no sabía que poner, aún no me decidía y ya estábamos a una cuadra de mi casa.

--¡Jane Monheit! – una sonrisa enorme se dibujó en mi cara.

--¿Te gusta? – me preguntó un poco sorprendido.

--¡Me encanta! – respondí – el jazz me gusta mucho gracias a mi padre. No tienes una idea, en los vuelos es de lo mejor, te desestresa mucho - ¿Está bien si la pongo?

--Está perfecto – dijo – Así que te gusta el jazz – confirmó.

--Si, el jazz, la música de otras épocas, me … no sé – no pude concretar mi idea, pero era la verdad, escuchar esas canciones me transportaba, se llevaban mis preocupaciones, pero no sabía como explicárselo.

--¿Algún favorito? Además de Monheit claro.

--Diana Krall y Michael Bublé – dije emocionada.

--Quien lo diría – susurró – toda una sentimental – me reí.

Se detuvo en una luz roja y se inclinó para besarme y gracias a que estaba sentada no me desvanecí. Se incorporó y me miraba con esa sonrisa torcida que era mi perdición. La luz verde se encendió, avanzamos un poco y puso su mano en mi muslo. Volteé y me miraba como si me pidiera mi aprobación. Puse mi mano sobre la suya y eso bastó para que en cada luz roja me llenara de besos y su mano acariciara mi muslo.

¿Qué sucedía? Esta actitud tan diferente de Edward me tenia confundida pero feliz y yo iba a aprovecharla al máximo mientras disfrutaba teniéndolo cerca.

Llegamos y me tenía tomada de la mano mientras caminábamos para encontrarnos con los chicos que ya nos esperaban en la puerta con nuestros boletos. Alice fue la primera en vernos ir hacia ellos y no pudo ocultar su sorpresa cuando nos vio llegar tomados de las manos y luego sonrió contenta al igual que Rose, los chicos creo que ni les importo mucho y mejor, porque la bocota de Emmett era de miedo.

--Creí que no llegaban a tiempo – dijo Alice después de darnos un beso saludándonos y de inmediato sentí la mirada de Rose taladrándome curiosa.

--Aún faltan veinte minutos Alice – Edward le respondió y le preguntó a Emmett - ¿Qué vamos a ver?

--“Sherlock Holmes”, respeté tus sugerencias Bellísima, ¿no me merezco algo? – dijo divertido y noté la mirada fría que le lanzó Edward.

--No empieces Emmett, y vamos a entrar porque hay algo de gente – dijo Rose queriendo pasar desapercibida pero fue inútil, un grupito como de cinco chicas la reconoció y se le acercaron para pedirle unos autógrafos y un par de fotos. Eso no tenia nada de malo, solo que era como una cadenita si te veían firmando algo o tomándote una foto, la curiosidad por ver quién eras hacia que la demás gente te reconociera también y luego quedabas atrapada por un rato. No me sucedía todos los días gracias a Dios porque no era algo que me gustara mucho.

Edward notó que bajé la cabeza y que me giré un poco hacia él, tratando de ocultarme, así que me pasó un brazo por los hombros pegándome a su cuerpo y yo hundí mi cara en su pecho. Así me llevó abrazada hasta llegar a la sala que nos correspondía y nos sentamos en los lugares que Jasper y Alice cuidaban para nosotros. Me quité la bufanda y saqué los brazos de mi gabardina porque ahí dentro había un poco de calor y los ojos de Edward estaban en mis senos. Estaba funcionando mi plan.

--¿Quieres algo antes de que empiece la película? – me preguntó.

--Una coca cola y palomitas.

--¿Sólo eso? – se extrañó y yo sólo asentí.

--Jasper, yo quiero un refresco y unos chocolates – dijo Alice con voz chillona.

--¿Sin palomitas? – le sonrió Jasper, ella negó y se fueron.

Y sin esperar a que se alejaran un poco Alice me tomó la mano y se la llevó al pecho.

--¡Bella, ay Bella! - estaba emocionada – ¡no te imaginas que contenta estoy! Verlos juntos es la mejor noticia que he tenido.

Alice iba demasiado rápido, no es que yo no estuviera feliz pero tenia que ser realista, yo quería algo que Edward no estaba dispuesto a darme aún. Estábamos teniendo “algo” que no sabía exactamente que era y él, actuaba de una forma completamente diferente a su manera de pensar y yo pretendía valerme de eso para lograr que cambiara de opinión, que se enamorara de mí y que quisiera estar conmigo por siempre.

--¡Mamá se va a alegrar tanto cuando lo sepa!

--¡No Alice! – casi grité – mira, nosotros no, bueno, - no podía explicarle – Alice, aún nos estamos conociendo, sólo hemos salidos dos veces y hoy es una de ellas – dije al fin – no sé si pueda haber algo, no te adelantes Alice, por favor – le pedí.

--Bella es que yo sé que si lo hay, créeme. Conozco a mi hermano y sé que ya hay algo – apretó mi mano – pero si quieres que no diga nada – se pasó la mano por la boca como cerrando un zipper – no lo hago. Sólo quiero que sepas que me da mucho gusto que tú vayas a ser mi cuñada.

--Ay Alice – moví mi cabeza de lado a lado sonriendo. Rose y Emmett por fin entraron y ya venían con una dotación de golosinas, parecía que habían asaltado la dulcería del cine. Ella me miró menos discreta ya que Edward no estaba junto a mi y nos sorprendimos cuando Alice respondió.

--No Rose, Ella dice que aún no hay nada pero es sólo cuestión de tiempo, te lo garantizo - ¿Qué pasaba con Alice? ¿Se creía adivina o qué?

Edward y Jasper regresaron justo cuando empezaban a apagarse las luces. Me dió un bote de palomitas enorme y colocó los vasos en su sitio. Me acomodé en el asiento sentándome sobre una pierna para poder acercarme a él. Tomé algunas palomitas y sin preguntarle nada las acerqué a su boca y el las comió. Durante casi toda la película le dí palomitas y el también a mí. Cuando se terminaron tomé su mano y el sonrió y se acercó a mi pero en lugar de decirme algo, sólo me acarició detrás de la oreja con la punta de su nariz y me dió un beso ligero justo ahí. Me estremecí y lo notó.

El resto de la película nos la pasamos acariciándonos el dorso de las manos, primero lo hacía yo y le dibujaba cosas con mi pulgar y luego lo hacia él. Tuve un impulso y me acerqué a besarlo dónde él me había besado antes pero no reaccionó como lo esperé ya que se tensó y soltó mi mano, se movió en su asiento y se apoyó en su otro brazo. Me había rechazado otra vez.

Pensaba que podía ser muy fuerte y soportar los rechazos por insignificantes que parecieran como el de hacia un momento, pero no era así. Yo tenía mucho miedo y sabía que iba a sufrir pero no iba a dejar de intentarlo todo para estar con Edward.

La película terminó y esperamos a que saliera la mayoría de la gente para hacerlo nosotros.

--¿Ya ves Bella? Fue una buena película – Emmett tenía razón.

--Si Emmett, me gustó mucho, tienes buen ojo para escogerlas ¿eh? – dije cuando dos chicos de unos veinte años me pidieron tomarse una foto conmigo. Acepté y mientras los chicos se colocaban junto a mi, vi de reojo a Edward que estaba hablando con Alice, más bien ella era la que hablaba porque él sólo me miraba muy serio, incluso podría decir que estaba molesto y la pobre Alice brincaba frente a él como tratando de ocultarme de su vista.

Los chicos me daban las gracias y antes de que pudieran terminar Edward me tomó de la muñeca muy fuerte y casi me arrastró con él fuera de la sala. Estaba furioso.

--¡Edward!, ¿Qué pasa?, ¡Me lastimas! – dije asustada jalando el brazo intentando soltarme. En ese instante liberó mi muñeca y me di la vuelta.

--¿A dónde vas Isabella? – no podía ocultar su enojo.

--Voy a despedirme – le respondí en su mismo tono enojado. Edward llevó su cabeza hacia atrás y respiró muy hondo como tratando de calmarse y me siguió. Me despedí de ellos y cuando abrace a Rose susurro a mi oído.

--¿Todo bien Bella?

--Ajá – alcance a decirle.

Edward intento tomarme de la mano de nuevo pero yo la mantuve firme junto a mi cuerpo, no insistió y solo caminó junto a mí. Crucé los brazos sobre mi pecho y dí un paso hacia delante cuando quiso poner un brazo sobre mis hombros. Al llegar al auto abrió la puerta y me subí. No esperé a que él me abrochara el cinturón de seguridad, estaba molesta y asustada. Se subió, vió que ya tenía mi cinturón, suspiró y se quedó quieto un momento, se puso el suyo y encendió el auto.

--¿Quieres elegir otra cosa? – preguntó suave señalando el Ipod y yo sólo negué ligeramente.

--¿A dónde quieres ir a cenar?

--No tengo hambre. ¿Me llevas a mi apartamento por favor? – dije y él sólo asintió. El camino a casa transcurrió en completo silencio. El conducía más lento de lo habitual y comenzaba a ponerme nerviosa. Llegamos a mi edificio y desabroché mi cinturón antes de que terminara de estacionarse y no pude abrir la puerta del auto ya que aún tenía el seguro puesto.

--¿Me dejas salir? – le pregunté en un susurro.

--Permíteme – dijo y bajo del auto rodeándolo para abrir mi puerta. Me dio la mano para ayudarme a bajar y la acepté. En el elevador tampoco ninguno de los dos dijo nada y al llegar a mi puerta la abrí y me di la vuelta para darle las gracias, no iba a invitarlo a pasar, no así.

--Gracias Edward – apenas se escuchaba mi voz – por todo – agregué y me miró con los ojos muy abiertos.

--Isabella yo … - se detuvo y en su cara vi confusión – lo siento – murmuró mientras me miraba disculpándose también con los ojos.

--¿Quieres pasar? – me rendí y escuché cómo exhalaba el aire de sus pulmones, aliviado.

Apenas cerré la puerta, me giró y comenzó a besarme desesperado. Sus manos se cerraron en mi cintura y me recargó contra la pared mientras yo enredaba mis dedos en su cabello. Sentí sus labios moverse sobre los míos, urgentes, demandantes, en espera de algo más, impacientes.

Me había tomado por sorpresa y sólo pude dejarme llevar, quería sentir cada beso que quisiera darme, cada caricia que quisiera regalarme, iba a aceptar todo de este hombre, todo lo que él quisiera entregarme.

--Isabella – dijo mi nombre con voz ronca y entre besos llegamos al sofá del salón. Se deshizo de su chamarra y de mi gabardina al igual que de la bufanda. Me recosté y lo jalé hacia mí, besándolo y recorriendo con mis manos su pecho y su cuello. Me estaba intoxicando de este hombre que me hacía no poder pensar coherentemente pero no me importaba porque estaba ahí, conmigo, besándome y volviéndome loca.

Recorrió mi mandíbula con sus labios y la poca piel que el cuello de mi blusa le permitía, dejando un ardor en cada parte que ellos habían tocado. Sus manos paseaban por mis costados hasta que se posaron sobre mis senos y al sentir su contacto aún sobre la tela arqueé mi espalda y gemí ante la sensación de sus manos cubriéndolos.

--Edward – dije su nombre con una voz que desconocía, llena de deseo y ansiedad. El pareció reaccionar cuando me escuchó y presionó una de sus manos en mis senos y no pude evitar gemir de nuevo. Se movió un poco y ya tenía su cara en mi pecho, con los ojos cerrados rozaba su nariz y su boca en mis senos, cerrando sus labios en mis pezones que ya estaban endurecidos.

--Edward – repetí su nombre mientras bajaba una mano por mis piernas, acariciándola y encontrando la unión de ellas. Presionó su mano justo ahí y solté un gritito de sorpresa al sentirlo en esa parte tan íntima. Un millón de sensaciones se encendieron en mi cuerpo recorriéndolo y llegando a cada parte de él. Un cosquilleo lleno de electricidad me invadió y arqueé mi cuerpo de nuevo.

No podría describir lo que estaba sintiendo en esos momentos, lo que Edward provocaba en mí, aún vestida completamente, pero eso era algo que se podía solucionar muy fácil. No había terminado de completar esa idea en mi mente cuando sentí que me levantaba del sillón. En lo que fueron menos de tres segundos ya estaba acostada en mi cama y Edward me besaba. Sus manos y su respiración ya no se contenían estaba tan ansioso como yo. Aproveche un movimiento suyo para sentarme y quitarme las botas al mismo tiempo que él se quitaba la camisa negra.

En esos momentos me desconocía pero no me importaba, yo quería a Edward y lo tenía ahí conmigo, en mi cama enloqueciéndome y llenándome de besos y caricias. Se puso sobre mí y tomó mis manos arriba de mi cabeza y mis senos se elevaron. Con una mano mantenía mis manos sujetadas y la otra se movía sobre mis senos, presionándolos, apretándolos haciéndome retorcer de deseo.

Notó mi urgencia y metió la mano debajo de mi blusa, quemando mi piel, me moví más para sentirlo acariciar mi piel y por fin soltó mis manos.

--No te muevas, quédate así – me ordenó y yo lo obedecí. Sus manos tomaron la orilla de mi blusa y la subió lentamente besando mi piel que iba quedando al descubierto, no podía evitar torturarme y lo estaba disfrutando, lo sabía al verle el rostro con sus ojos verdes oscurecidos perdidos en mí. Mi respiración agitada hacia que mis senos subieran y bajaran frente a su cara, invitándolo a apresurarse para quitarme la blusa pero no lo hacia, sus dedos acariciaban cada centímetro de mi piel junto con sus labios. Respiraba, me olía, como si quisiera grabarse mi aroma, como si lo embriagara como su olor hacia conmigo que nublaba mis sentidos.

Tenerlo tan cerca, me hacia desear tocarlo, pasar mis manos por su cabello suave, quería recorrer su pecho y su espalda, descubrir su piel como él estaba descubriendo la mía. Comencé a bajar mis manos y al tocar su cabello me miró.

--No Isabella, súbelas – dijo firmemente, de nuevo lo obedecí y volví a colocarlas donde estaban. De un rápido movimiento subió mi blusa pasándola por mi cabeza pero dejándola en mis brazos, no podía moverme. Sus pulmones dejaron escapar todo el aire que retenían cuando quede expuesta ante él. Gemí y cerré los ojos esperando sentir su contacto el cual no tardó. Suavemente sus dedos acariciaban el borde del brassiere que le impedía ver mis senos completamente, no esperó para jalarme hacia él, sentándome y aproveché para pasar mis brazos sujetados por la blusa sobre su cabeza, atrapándolo. Lo besé desesperada y me respondió mientras sus dedos desabrocharon mi brasierre.

Movió la cabeza zafándose de mis brazos y me recostó subiéndome la blusa, quitándomela junto con el brasierre. Un suspiro escapó de sus pulmones y se inclinó hacia mí observando mi pecho desnudo.

--Isabella – su voz se hizo mas ronca aún – que hermosa eres.

Sus labios por fin besaron mis senos desnudos y las sensaciones que sentía eran indescriptibles. Su barba sin afeitar rozaba mi piel sin dañarme pero me hacia estremecer descontrolada. Su boca atrapó la punta de uno de mis senos y creí morir al sentir sus labios succionar delicadamente mi pezón. Aumentó un poco la succión y solté un gritito cuando su mano toco mi otro seno posándola completa sobre él y tomando entre sus dedos mi pezón.

--Tienen la medida perfecta – dijo encerrando mi seno en su mano.

Le dio placer a mis senos con su boca y con sus dedos al mismo tiempo que yo acariciaba su cabello y tiraba de el cuando sentía sus dientes mordiendo tiernamente mis pezones. Una de sus manos abandonó mi seno y bajaba acariciando mis caderas, acercándose a mi ombligo. Sus dedos hacían círculos alrededor de el haciendo que un latido fuera creciendo ahí, abajo.

Agrarró con sus dedos la orilla de los leggins y comenzó a bajarlos. Lo ayudé levantando mis caderas para que pudiera bajarlos completamente, liberándome de ellos. Instintivamente al sentir su mirada en mi cuerpo casi desnudo, apreté mis piernas y me llevé las manos a mis senos, tímida.

--No, déjame admirarte – susurró.

Se acomodó junto a mí y me besó suave, tierno. Me relajé cuando su mano acarició mis caderas jugando con la orilla de mis bragas, subiéndola y bajándola, metiéndola bajo ella para tocarme sin obstáculos y volvió a sacarla. Paseó su mano sobre la tela y de pronto llego ahí, tocando muy por encima de ellas. Yo aún mantenía cerradas mis piernas pero sin presionarlas, hasta que su mano buscó abrirse camino entre ellas para llegar a esa zona que latía incontrolable y cada vez mas fuerte aún. Le permití llegar y sentí una de sus piernas colocarse en medio de las mías para impedir que las cerrara. Su mano volvió a acercarse tocando con precaución. Sus labios besaban mi cuello y su nariz rozaba mi mandíbula cuando llegó. Sus dedos hicieron a un lado la pequeña porción de tela y me tocaron.

--¿Mmm? – extrañado me miró al sentir esa área suave y completamente desnuda. Gimió y me estremecí al sentir sus dedos tocar mi parte mas íntima, acariciando alrededor de mi clítoris, haciéndome llegar al punto en dónde ya no tenia voluntad. Cuando al fin lo tocó sólo presionándolo ya no pude controlar los jadeos que salían de mi garganta. Deslizó un dedo dentro de mí y grité. Atrapó mi boca ahogando mi grito e introdujo un segundo dedo, moviéndolos dentro de mi haciéndome gritar de placer. Los movía metiéndolos y sacándolos provocando que mi cuerpo comenzara a temblar sin control.

--¡Edward! – grité en su boca.

--Así Bella, así. Déjate ir – su voz áspera me excitó aun más.

Sus dedos entraban y salían de mí mientras sentía que alrededor de mi ombligo se formaba un torbellino, que iba creciendo, haciéndose más grande y fuerte, arrasando con cada parte de mi cuerpo a la que llegaba. Era tan fuerte que no podía evitar dejar que me envolviera y me arrastrara con el haciéndome subir y subir más alto tensando cada parte de mi cuerpo pero aún más mi vientre y exploté al sentir que el torbellino me soltaba y comenzaba a caer a un delicioso vacío. Caía sin fin, y mi cuerpo tembloroso se arqueaba con voluntad propia queriendo sentir más profundo los dedos que lo hicieron alcanzar esa exquisita sensación.

--¡Edwaard!

--Oh Isabella – me besó lentamente mientras sus dedos salían de mí.

Gemí al sentir que me abandonaban y su beso se hizo más intenso. Se acomodó junto a mí descansando en una mano su cabeza, mirando mi cuerpo relajado e inerte. No me podía mover, sólo mi respiración agitada permanecía funcionando mientras sus dedos dibujaban alrededor de mi ombligo.

“Oh Dios, ¿Era posible que este hombre acabara de hacerme sentir esto?”

Me sentí de pronto completamente rara. Yo solamente con unas diminutas bragas y él completamente vestido. Crucé los brazos sobre mi pecho pero el los retiró.

--Eres tan bella, no te cubras – me pidió, pero en ese momento una vocecita en mi conciencia hizo que me diera cuenta de la situación en la que me encontraba.

--Edward – me esforcé por hablar claro – yo… no… yo…

--Bella, mi niña – me derritió – shh, no digas nada, yo comprendo – y me besó apasionado. Me cubrió con una manta que estaba sobre la cama y me dio un beso en la frente.

--Edward es que yo… - puso un dedo sobre mis labios – no es necesario que me expliques nada. Descansa – tomó su camisa que estaba en alguna parte de la cama y me besó de nuevo. Cerré los ojos y no noté cuando dejó mi habitación. Aún estaba disfrutando los remanentes de esa deliciosa sensación que me hizo explotar momentos antes. Edward me había regalado un orgasmo indescriptible.

Amaba a Edward Cullen.

Dormí espléndidamente, con mi cuerpo tan relajado no había otra opción. Me desperté con una sonrisa en los labios y lleve mi mano hacia abajo, justamente donde Edward me había tocado tan hábilmente.

“Hábilmente”

Era lo más lógico ¿no? Para ser hábil, había que practicar. El mismo me lo había dicho, había salido con muchas mujeres, “sin compromisos”.

Cuando estuve lista muy temprano esa mañana, busqué en la cocina algo para desayunar rápido. Tomé un vaso grande de jugo de naranja, un yogurt y una manzana. Salí y como siempre Tom me esperaba, me ayudo a subir y fuimos por Jimmy. Durante el trayecto a su casa, una sonrisa tonta nunca abandono mi cara. Estaba muy contenta y no podía ocultarlo. Sentí vibrar mi teléfono, no había cambiado el tono desde el cine. Era la única voz que quería escuchar en ese momento.

--Hola – dije tímida.

--Bella, ¿Cómo estás? – amaba su voz – espero que hayas dormido bien.

--Si, muy bien, gracias – contesté sincera.

--Es temprano aún, ¿Ya estás afuera? – preguntó curioso.

--Si, hoy es un día muy ocupado, por la noche vuelo a Berlín – le informé.

--¿Berlín? – preguntó un poco decepcionado.

--Si.

--Lo siento, debo regresar, solo quería saber si estabas bien Bella, ¿Lo estás?

--Si, estoy bien Edward, gracias – balbuceé.

--Ok. Me agrada escucharlo – lo oí más alegre – que tengas un buen día y un buen viaje Isabella.

--Gracias Edward, adiós.

--Adiós – colgó y ya echaba de menos su voz. ¡Cómo iba a extrañarlo!

Llegamos por Jimmy y apenas se subió y se acomodó lo primero que hizo fue examinarme.

--¡Home Run! – soltó sin más – ¡Lo sé!, fue un Home Run.

--No, te equivocas – aseguré – tercera base, ¡Tercera Jimmy! ¿Puedes creerlo? No voy a darte detalles, ya lo sabes, sólo concrétate a saber el progreso de esto.

--¿Estás segura que solo llegaste a tercera Isabella? – preguntó quisquilloso.

--¡Claro! Cien por ciento segura.

--Pues Darling, si sólo llegaste a tercera y tienes esa cara de éxtasis y esa sonrisota atornillada a tu carita de varios millones de dólares, no quiero ni pensar la cara que tendrás cuando Edward meta un Home Run – enarcó una ceja.

Bufé – Ni yo Choo, ni yo lo quiero pensar.

Ese día fue tan ajetreado que cuando subimos al avión por la noche y nos acomodamos en nuestros lugares, caí dormida. El vuelo no fue directo, hicimos una escala en Londres de unas dos horas y mientras esperábamos le conté a Jimmy de nuestra salida al cine y lo incómoda que me sentí con la reacción de Edward con los chicos de la foto.

--Es un poco posesivo ¿No crees? – dije poniendo cara de confusión.

--Si pero lo comprendo Bella, todos los hombres son un poco celosos y si su novia es una modelo super conocida y bellísima, se sentirán amenazados si llegan tipos a pedirle una foto o lo que sea, es lógico – dijo como si fuera tan obvio.

--No soy su novia Choo y además fue rudo conmigo y me asusté. No me gusto para nada su reacción.

--Y se lo hiciste notar y se disculpó, lo que quiere decir que sabe que hizo mal en actuar así. Reconoció su culpa Bella – Choo tenía razón – no pienses cosas de más ¿De acuerdo? Ya vámonos, mueve tu trasero que tengo frío y quiero subir al avión.

--Hablando de posesivos… - dije burlona.

--No soy posesivo, si acaso friolento.

--Ah, esa palabrita – recordé cuando conocí a Edward y sonreí.

Por fin seguimos rumbo al aeropuerto internacional Schönefeld de Berlín. Había un frío endemoniado y aunque era casi medio día, todo estaba gris y nevado. Llegamos directo a trabajar, fuimos a Bebelplatz, en el corazón de Berlín, ahí habían colocado la la carpa gigantesca y muy elegante para todos los desfiles de los diseñadores en la “Mercedes Benz Fashion Week”. Ensayé varias horas una pequeña coreografía, no precisamente de baile, pero algunos diseñadores querían que las pasarelas fueran algo más que unas modelos caminando con sus creaciones. Les gustaba que salieran a tiempo con la música, que giraras, que te detuvieras en cierto punto de la pasarela o que salieras en pareja o con otras dos chicas. Tenían sus ideas bien específicas y una sólo tenia que ejecutarlas tal cual te lo pidieran.

Al día siguiente me levante un poco más tarde y fui al spa del hotel a darme un masaje. Estaba un poco tensa y además necesitaba una buena exfoliación de mi piel. Siempre lo hacía antes de los desfiles. Hacía que la piel brillara y se viera suave y sedosa. Me relajé lo suficiente y subí a mi habitación a cambiarme y Jimmy ya me esperaba con la maleta que llevaba siempre conmigo a mis sesiones de fotos o desfiles. Ahí llevaba varios cambios para después de desfilar y cualquier cosa que pudiera necesitar, era muy útil.

Esa noche, desfilaba para Custo Barcelona y estaba feliz, me gustaba mucho este diseñador y siempre era un placer trabajar con él. Tenía tres cambios y yo abría el desfile y lo cerraba de la mano de mi amigo Marco Volturi, un modelo excesivamente atractivo, todo un típico italiano por lo guapo y coqueto, pero él sólo era un buen amigo desde hacia un par de años.

Llegamos a la Bebelplatz y Kate, la chica encargada de asistirme en el desfile ya me esperaba, siempre había una persona encargada de la ropa que modelaría, de que todos estuviera en su lugar. Conocía el orden del vestuario y dirigía a las otras dos personas que ayudaban a vestirme en cada cambio de ropa, además que se aseguraba de que tuviera todo lo que Jimmy le pedía para mi y también de que estuviera lista a tiempo con el peinado y maquillaje.

Ya estaba lista y a punto de salir a la pasarela, con un traje de baño de dos piezas. El bikini azul con la orilla amarilla con un estampado de cadenas a juego con la parte de arriba y una chamarrita de color púrpura y unos lentes oscuros. Me dieron mi señal y salí a la pasarela con actitud un poco seria pero no tan severa. Con mi cabello en suaves ondas se mecía cada vez que daba un paso con esas sandalias altísimas de color azul. El lugar estaba a reventar. El segundo cambio fue un pantalón ‘pitillo’ y una blusa strapples con unas piedras al frente, muy cómodo, pero el que me gustó fue el último cambio. Era un vestido largo estampado en azules turquesas con un escote ligero por delante pero la espalda, era una obra de arte. Terminaba en V y era muy bajo, hermoso. Marco también iba con una camisa de los mismos tonos y hacía que resaltaran sus ojos azules y con ese bronceado natural se veía guapísimo.

Me tomó de la mano y salimos por la pasarela y la gente comenzó a aplaudir ante el final del desfile. Como siempre, el diseñador salió y agradeció discretamente. Marco me dio un beso en la mejilla y salimos de la pasarela. Fue un desfile muy lindo, la ropa me había gustado mucho y la música estuvo muy alegre.

Me cambié y como después había una pequeña fiesta que ofrecía Custo, me puse un pantalón negro de vestir con una blusa negra también y un collar de piedras muy llamativo. No era precisamente mi forma preferida de vestirme, pero ahí era un poco más formal todo y yo debía verme impecable. Jimmy era el encargado de escogerme esos atuendos, le encantaba vestirme como si fuera su muñequita y lo hacia bien.

Después de colocarme los aretes y los zapatos, nos fuimos a la pequeña fiesta que resultó ser de más de trescientas personas. Tenía que posar en algunas fotos con Custo y Marco y otras dos chicas que estaban empezando en los desfiles importantes.

Después de las fotos y de “socializar” un poco, Marco, Jimmy y yo estábamos muy tranquilos platicando de dónde estaríamos trabajando en los próximos meses.

--¡Bellísima! Como siempre – dijo Marco y fue inevitable que recordara al grandulón de Emmett.

--Y tú guapísimo también eh, nada mal – dije bromeando, era un buen chico.

--Si Marco – reclamó Jimmy - ¿hasta cuando me vas a decir que si? – nos soltamos a reír ante Jimmy y su petición. Siempre bromeaba con Marco y él le seguía el juego, yo fingía enojarme y lo abrazaba para que Jimmy se encelara. En eso estábamos y un flash nos cegó por un momento.

--¡Oh, oh! – dijo Jimmy – al rato esta foto estará en la página de Perez Hilton, como las del lunes – y me giré para verlo frunciendo el ceño.

--Es celoso tu novio ¿no Bella? – la pregunta de Marco me desconcertó - ¿Qué novio?

--¿Jimmy? – pregunté sabiendo que me había ocultado algo por algún motivo, lo conocía muy bien.

--Ay Bella, mejor mira por ti misma – y me dio su Blackberry para que viera tres fotos en la página de chismes de Perez. En la primera Edward y yo caminando tomados de la mano en el centro comercial. La segunda mostraba cuando me ocultaba abrazándome y yo escondía la cara contra su pecho y en la última Edward enojado tomando mi muñeca, la foto no mentía. Debajo de las fotos solo se limitó a escribir.

“Bella Swan y Edward Cullen, se aman y se pelean como una pareja normal, pero ¿Dónde dejaste a Jake Bella?

No dije nada porque no tenia contra quien enojarme, si acaso con Jimmy por ocultarme algo que tarde o temprano iba a saber, pero nada más. Y ahora era más que seguro que pusieran la foto de que nos habían tomado un momento antes a Marco y a mi e inventarían que también tenia un romance con él y que a Edward lo había olvidado tan rápido como a Jake. Ser famosa me estaba ocasionando algunos disgustos y no me estaba gustando mucho.

Llegando al hotel tendría que hablar con mi padre, a él tampoco le iba a gustar mucho leer estos chismes. ¿Chismes? ¿Acaso no era yo la de las fotos con Edward?

--¿Papá? – dije suavemente.

--¡Isabella! Te tardaste en llamar – si, Charlie estaba enojado.

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