jueves, 2 de septiembre de 2010

CAPITULO 25

CAPITULO 25


BELLA’S POV

--¡Si amor!, que bien que vayas a una playa – no estaba tan emocionado - ¿Y cuando te vas?

--En un mes, sólo son cómo tres o cuatro días, pero me encanta la idea de ir a la playa – dije emocionada.

--Que bien – me abrazaba y no podía verle la cara, pero sabía que no estaba muy feliz por algún motivo.

--¿Qué pasa?, ¿No te gusta la idea? – me atreví a preguntar.

--Sinceramente… no.

Dijo sin más y sin tener otro tipo de reacción que no fuera indiferencia a lo que me causaba tanta alegría. Me quedé ahí parada, quieta ante sus palabras y sin saber qué decir. Se puso de pie haciéndome a un lado, llevó mi plato a la pileta y me dijo con voz fría y baja tendiéndome la mano…

--¿Vamos a dormir?


Tardé varios segundos para reaccionar y él tomó mi mano llevándome a nuestra habitación, arrastrándome a ella porque yo aún estaba procesando esas dos palabras que me dijo. Fui directo al baño y cerré la puerta, me desmaquillé, me cepille los dientes y me lavé la cara, entré a mi closet y encontré una camiseta de mangas largas y que me llegaba debajo de las rodillas, me la puse y salí. Edward estaba ya acostado con un brazo detrás de su cabeza y en la otra mano, el control remoto cambiando canales sin encontrar nada. Me senté en mi lado de la cama, me quedé mirando mis pies unos minutos y antes de acostarme lo escuché.

--¿Cómo te fue en el photoshoot de hoy?

–Sentí su mano en mi espalda acariciándome muy suave mientras me preguntaba tiernamente. Yo sólo hice mi cabeza de lado y me encogí de hombros. Me acosté como siempre y cerré mis ojos, quería dormirme ¡ya!

Apagó la tele y se acomodó detrás de mí, pegándose como él hacía a mi cuerpo, abrazándome fuerte por la cintura. Repartió unos besos en mi nuca y detrás de mi oreja y luego colocó su barbilla en mi hombro.

--No quiero que te vayas – susurró a mi oído – no quiero que me dejes sólo.

Esa declaración me dejó aún más sorprendida y anuló por completo mi capacidad de reaccionar. Edward Cullen pidiéndome que no lo dejara solo… respiré hondo y me volteé para mirarlo. Sus ojos verdes se tornaron oscuros pero suplicantes, sus brazos me apretaban más y sus labios entreabiertos esperaban por una respuesta mía. No pude decirle nada, solo lo abracé también muy fuerte y subí mi mano a su pelo, acariciando su nuca. Un rato después nos quedamos dormidos con nuestros cuerpos abrazados.

Me desperté con el timbre de mi teléfono. Edward se movió un poco y apretó su brazo alrededor de mi cintura. Eran las 6:00 de la mañana y ese día grabábamos el comercial. Intentaba escabullirme despacio debajo de su brazo pero me jaló para besarme en la mejilla.

--No te vayas – murmuró – vamos a quedarnos aquí.

--Tengo que ir a trabajar – le regresé el beso e intenté moverme de nuevo – déjame pararme Edward, por favor…

Me soltó de mala gana y me dirigí rápido al baño antes de que se arrepintiera. Me duché y me puse un tratamiento para el pelo, más me valía protegerlo porque no sabía si me harían algo drástico para el comercial. Me envolví en mi bata de baño, salí al closet y encontré a Edward parado en medio de esa habitación. Me miró desorientado.

--Anoche encontré esto bajo la almohada – dijo señalando su pijama – pero no sé dónde está todo lo de mi maleta.

--Le dije a Ana que acomodara tus cosas aquí – casi dije en un susurro señalándole un par de cajones y la ropa que había en su maleta, colgada en un pequeño espacio junto a la mía – ¿está bien?

Se acercó a mí y con un brazo me arrimó hacia él.

--Está – besó mis labios – perfecto.

Mi corazón dio un saltito de felicidad. Edward no se había enojado por haber guardado sus cosas en el closet, al contrario, parecía estar muy bien con eso. Ahora sólo me quedaba ver cómo contentarlo con lo de mi futuro viaje. No iba a ser nada fácil hacerle entender mi trabajo ahora que estábamos juntos y menos con lo posesivo que estaba demostrando ser, pero tenía que encontrar un modo y tenía que hacerlo rápido.


Me vestí con jeans y una camiseta, hice café mientras se bañaba y le llevé una taza. Estaba observándolo dar vueltas entre el closet y la habitación mientras se vestía. Era endemoniadamente guapo y era mío.

--¿Qué? – preguntó con su sonrisa chueca en los labios.

--Nada, sólo disfruto verte – dije coqueta – eso es todo – junto las cejas y divertido, continuó vistiéndose.

--¿Terminarás muy tarde hoy también? – Me miraba por el rabillo del ojo mientras abrochaba sus botas de trabajo – Bella quiero que salgamos cenar.

¡Oh-oh!... ¡D-I-E-T-A!, Bella, recuérdalo.

--Mmm Edward – comencé a decir - ¿podemos cenar aquí cielo?, dime que quieres y pediré que lo preparen para ti, lo que tú quieras, ¿Qué se te antoja?

Al escuchar mis palabras, soltó sus agujetas y me miró entrecerrando los ojos.

--Sólo quiero salir a cenar contigo, eso es lo que se me antoja amor, ¿crees que se pueda hoy? – volvió su atención a sus zapatos.

--Esta semana tengo los comerciales, no creo llegar temprano para salir a cenar – hice un puchero.

Dejó salir un gruñido desde su pecho y se puso de pie para tomar su chamarra y sus cosas para irnos. Salimos juntos de casa y nos despedimos en el estacionamiento dónde ya me esperaba Tom. Me abrazó, me dio un beso y cuando me giré para subir a la SUV, me dio una nalgada.

--¡Hey! – Exclamé con sorpresa – no me maltrates – reí.

--¡Jamás! – me regaló otro rápido beso, se subió a su auto y se fue.

Jimmy me miró cuando subió a la camioneta, le sonreí y me dijo que Ángela ya sabía a qué playa iríamos para el photoshoot de “Sports Illustrated”

--Dímelo ya – le pedí con los nudillos en mi boca.

--No me ha dicho, pero mejor llámale tú – me dio su blackberry.

Saludé a Ángela y no fue necesario que le suplicara, sabía que me moría por saber en dónde sería esa sesión.

--¿Estás lista? – preguntó.

--Más que lista Ang, ¡suéltalo ya! – casi grité.

--Te vas a ¡República Dominicana! ¡A Punta Cana! – sonreí y le agradecí que me dijera tan pronto.

No me iba a ir tan lejos, incluso llegar hasta allá no debía tomar más de unas 4 o 5 horas, pensé. ¿Por qué me sentía como culpable de algo?, ¿Por qué de pronto ya no estaba tan contenta como ayer?

--¿Qué?, ¿Ya no vamos? – Jimmy estaba preocupado.

--¡República Dominicana Choo!, nos vamos a Punta Cana – disimulé mucho pero no lo pude engañar.

--¡Uy si, qué bien! – Imitó mi tono - ¿Pero porqué no te alegras?, ¿No quieres ir?

--¡Claro que quiero tonto!, ¿Cómo se te ocurre que no?

--Mmm, es Edward ¿no? – Rodó los ojos – ¿Qué ocurre?

--Nada, solo que no le hizo muy feliz saber que me tengo que ir varios días – me encogí de hombros.

--Estoy preocupado… ¿Si sabrá que eres modelo y que te la pasas viajando por tu trabajo Darling? – sacó toda la ironía que llevaba dentro – porqué sino, tenemos un problema muy grande. ¿Cómo le diremos tu verdadera profesión?

Puse mis ojos en blanco y le dí la espalda en el asiento, acurrucándome de lado y mirando por la ventana.

Llegamos al estudio y comenzó el proceso de maquillaje y peinado. Eran tres comerciales que tenían el mismo concepto, una chica del estilo de Cocó, elegante, sofisticada y alegre, preparándose para una fiesta, arreglándose para su novio y el otro caminando en las calles de París. Obviamente ya no quise ni preguntar en dónde de filmaría el último comercial.

Tendría que hablar con Edward, esto no iba a resultar si cada vez que tuviera que irme me iba a decir lo mismo haciéndome sentir culpable pero… ¿De qué?, ¿De trabajar? Era ilógico, yo amaba mi trabajo y no tendría que sentirme así por hacerlo. Esa plática no podía posponerse, sería esa misma noche.

Alice llegó muy puntual y me acompañaba mientras me maquillaban. Al mismo tiempo, le contaba todo el concepto de los comerciales y Jimmy le explicaba más detalles y le presentaba a varias personas de la producción. Ella estaba muy contenta y por extraño que pareciera, hasta estaba tranquila y sólo observaba todo a su alrededor como absorbiendo toda la nueva información.

Antes de terminar con el maquillaje, Jimmy me llevó un jugo y un plato lleno de frutas, tenía que cuidarme y hasta que no hiciera la sesión de “Sports” no volvería a tomar un capuchino más ni a comer nada que no fuera verdaderamente sano y no me ayudara a marcar un poco más mis músculos y hacerlos también más firmes. Necesitaba estar en excelente forma para esa sesión.


El día transcurrió muy bien y la grabación del comercial fluyó sin mayores problemas. Todo estuvo siempre listo a tiempo y las tomas no se repitieron más veces de las necesarias. Mi pelo no sufrió maltratos extremos y vaya, no podía quejarme de nada, sólo de una extraña sensación que rondaba mi corazón. Pero tampoco me iba a predisponer por nada. ¿Por nada? Yo seguiría contándole mis proyectos tan contenta como siempre, no necesitaba tener la nubecita negra tormentosa y caricaturesca sobre mi cabeza.

--¡Hola cielo! – me adelanté en saludar.

--¡Hey!, ¿Cómo estás?, ¿Cómo va el comercial? – se oía alegre.

--Bien, sólo faltan unas tomas de respaldo y terminamos por hoy – me armé de valor y le pregunté - ¿Quieres salir a cenar? – casi percibí su sonrisa.

--¡Bella claro!, ¿A dónde quieres ir?, ¿Qué se te antoja?

--A ti… - dije seductoramente y esperé su respuesta.

--¿A qué hora te veo? – mis palabras habían hecho efecto pues su voz ya era muy ronca y grave.

Nos encontraríamos en el apartamento y ya de ahí, con calma, nos iríamos a cenar. Estuve muy calladita durante todo el camino a casa, pensando que tenía que hablar con Edward. Yo lo amaba pero me desconcertaban mucho sus reacciones. Yo tenía una vida y un trabajo antes que él apareciera, nunca había hecho nada de lo que tuviera que avergonzarme y tanto mis padres como yo, estábamos muy orgullosos de ello, ¿Por qué él no podía comprender mi trabajo?

--Ese silencio me dice que tu mente está trabajando – habló el intuitivo de Choo.

--Si, y ya sabes en qué, así que si no me vas a dar buenas ideas, mejor no digas nada ¿OK? – amenacé.

Jimmy se giró en su asiento, tomó mi mano entre las suyas y me dijo – me preocupa que no lo entienda. Te veo como jamás te había visto, súper feliz, contenta, sonriente, más segura, más decidida, muy mujer y un momento después, un pequeño ratón calladito e inseguro, muerta de miedo, y sólo porque él, no quiere te que vayas de viaje, ¡Por trabajo! Si fuera por otra cosa comprendería sus celos o que no quiera separarse de ti, pero ¡Dios, es por trabajo!

--Es verdad Choo, tienes razón en cada palabra, y no me gusta sentirme así, en la cúspide en un momento y al siguiente en el suelo con sólo ver sus reacciones. De eso hablaremos hoy, tiene que entenderme y no hacerme sentir mal. Gracias por preocuparte – murmuré.

--Eres como mi hermana, jamás dejaría de preocuparme por ti, y cuidarte y consentirte y… no, eso ya no me corresponde a mí si no a Mr. Egoísta - y se llevó una mano a la boca como si hubiera dicho algo malo.

El apartamento estaba oscuro, sólo en nuestra habitación había una tenue luz. Tiré mi bolso en un sillón y fui quitándome poco a poco a ropa hasta quedar en brassiere y bragas. Sabía que Edward estaba dándose una ducha y me acerqué sin hacer ruido, quedándome una vez más sin habla.

--¿Edward…?

EDWARD’S POV


Durante toda la noche pensé en lo posesivo que me portaba con ella y que mis desplantes arruinaban muchos buenos momentos entre nosotros. Debía controlarme y también tenía que hablarlo con ella, por eso quería llevarla a cenar pero estaba muy ocupada y cuando me llamó para decirme que si podríamos ir, además de alegre, me puse muy nervioso. No iba a ser fácil explicar cómo me sentía ante la idea de separarnos, y sobre todo porque se escucharía ridículo. No teníamos ni 15 días juntos y yo ya tenía estos sentimientos que me carcomían por dentro cada vez que pensaba en alejarme de Bella.

En la oficina, pude concentrarme y dejé a un lado mi enferma obsesión. Trabajamos terminando varios planos y todo fluyó muy bien. Nadia hizo algunas modificaciones que dieron al clavo y con esos ajustes quedaron listos un par de horas antes de lo previsto.

--Vamos a comer – le dije y vi que hacía esa mueca rara como cuando estaba indecisa de algo.

--Edward… - empezó a decir pero la interrumpí.

--No acepto negativas, vamos – no se movió, así que la tomé de la mano y la saqué de la oficina casi a rastras, como cuando estábamos en la universidad.

--¡Mi bolso! – gritó.

--No lo necesitas.

Estábamos sentados frente a frente en un pequeño restaurante sobre la carretera con un par de vasos llenos de cerveza. Ordenamos un par de hamburguesas de la casa y mientras llegaban me reclamó.

--No puedes continuar haciendo estas cosas, ya eres mayorcito Edward – me apuntaba con el dedo recriminándome.

--Y tú deja de tomarte la vida tan en serio Nadia, ¡Relájate! – le dije mientras le sonreía.

--Noo – dijo como si supiera que sería un error hacerlo – no gracias, estoy bien así.

--Mmm, no voy a insistirte – y se me fueron los ojos sobre la enorme hamburguesa que tenía frente a mí. Comíamos y charlábamos de tonterías cuando sin pensarlo, le dije…

--Me estoy portando como un patán con Bella – le dí otra mordida a mi hamburguesa despreocupado, como si hubiera dicho algo sin importancia.

Nadia dejó la hamburguesa en su plato, tomó una servilleta y me miró durante unos segundos - ¿Qué le hiciste Edward?

--No voy a entrar en detalles, sólo te diré que estoy actuando como un loco-impulsivo-obsesivo – me llevé una papa a la francesa a la boca – no soporto la idea de que tenga que viajar y me deje sólo.

Nadia tragó el sorbo de cerveza con dificultad y me miró abriendo los ojos desmesuradamente.


--¿Qué te deje solo? – Se inclinó sobre la mesa - ¿Edward? – preguntó de nuevo.

--Si. Estamos viviendo juntos – admití – y no puedo pensar en que se vaya.

--¿Has hablado con ella de esto? – tomó un poco más de su cerveza - ¿De lo que sientes? – sacudí la cabeza en negativa y me taladró con la mirada.

--Creo que estás haciendo mal las cosas Edward y tú lo sabes, si no, no tendríamos esta plática ahora. Le estás ocultando lo más importante y qué digo lo más importante, ¡No debes ocultarle algo a quien amas! Porque la amas, sólo hace falta ver la cara que tienes desde hace tiempo.

--Olvídalo Nadia – miré a los costados – no he dicho nada.

--¡No!, Tú olvida que me has pedido eso, no puedes traerme arrastrada a este lugar, luego soltarme lo que te sucede y después pedirme que pretenda no haberte escuchado.

--Pero Di… - no me dejó continuar.

--¡Di nada! – dio un gritito – Me vas a oír Edward porque no pienso callarme, así que después de aquí, moverás tu lindo trasero e irás a hablar con esa niña y le dirás que la quieres y porqué te sientes mal cuando piensas que estarás sólo unos días, si ella no quiere saber nada de tu pasado, por ahora está bien, pero tienes tiempo suficiente para convencerla de que te escuche, porque lo tienes que hacer – hizo una pausa para tomar aire – y lo tienes que hacer porque no puedes vivir una vida tranquila ocultando algo de esa magnitud, es tu pasado, tú lo viviste y de una u otra forma permaneces conectado a él.

--No sé cómo lo tomará – mi voz salió sin expresión.

--Mal, si se entera por “otras” personas, así que estás perdiendo tiempo Edward – y me miró socarronamente.

***

--¿Edward…?

--¡Isabella! – salí de la ducha y me acerqué a ella para besarla, atrapando sus dulces labios y buscando su lengua con la mía.

--¿Qué es todo esto Edward? – miraba sorprendida al ver el gran baño lleno de velas y junto a la enorme bañera una botella de champagne en hielo, esperando por nosotros.

--Me dijiste lo que querías para esta noche, ¿Cambiaste de opinión? – sonreí mientras le desabrochaba el brassiere muy despacio y besaba la piel de su cuello empezando a volverme loco por desearla tanto. Subí mi boca hasta alcanzar la suya y la besé intensamente, ambos necesitábamos sentirnos cerca y esa noche era justa para eso. Bajé mis manos a su cintura y la atraje hacia mi, no pretendía dejar un espacio entre nuestros cuerpos, los necesitaba empalmados, unidos…

--¡Edward! – dijo al separarse y respirar – nunca imaginé esto, yo… - volví a besarla sin dejarla terminar su frase la cual no pudo seguir porque sintió mis manos adueñarse de mis niñas, acariciándolas, presionándolas y atrapando sus delicados pezones entre mis dedos - ¡Oh Dios!

Pegué nuestras frentes obligándome a tranquilizarme un poco para poder continuar y deshacerme de sus bragas las cuales sentí húmedas al pasar mis dedos sobre ellas incitando a Bella, aunque estaba claro que no lo necesitaba, estaba más que excitada por mí. La ayudé a entrar a la bañera y antes de sentarnos le di una copa.

--Por ti Isabella, por lo que eres y lo que me haces querer ser – dije sinceramente.

--Por ti Edward, por haber llegado a mi vida – y me besó. Nos besábamos impacientes y eufóricos, aún de pie, recorrí sus hombros con mis labios, su clavícula, su barbilla. Me arrodillé con cuidado y Bella sonrió. Coloqué mi boca debajo de una de mis niñas y vertí el champagne, bebiéndola justo de ella, saboreándola de su exquisita piel al mismo tiempo que su pezón la dejaba caer entre mis labios, era glorioso beberla de ella.

Mis húmedos labios bajaron por su vientre en el camino hacia mi objetivo, lo dibujé con mi lengua también, al igual que su ombligo pero mi urgencia era llegar a mi lugar, a ese cálido escondite que era sólo mío. Mis dedos tuvieron más prisa que mi boca y al encontrarlo, se adentraron en sus pliegues jugando alrededor del botón hinchado de deseo por ser tocado y estimulado. Lo rodeé, y mis dedos tocaron esa zona, de abajo hacia arriba, excitándola, haciéndola gemir y cuando no soporté más los introduje en ella provocándole un leve temblor, me detuve sin sacar mis dedos de ella y se sostuvo de la pared para poder continuar sintiendo mis caricias. Levanté una de sus piernas al borde de la bañera, dándome el espacio que necesitaba para poder alcanzar su punto exacto, el que la volvía loca y que la hacía gritar mi nombre.

Bella comprendió muy bien mi propósito y con la otra mano se agarró de mi hombro, esperando su momento. Moví mis dedos por dónde ya sabía que se encontraba ese punto y en respuesta, Isabella se dobló un poco jadeando. Sin dejar de mover mis dedos, seguí con mi búsqueda de proporcionarle el mayor placer, de hacerla sentir todo lo posible, de hacerla disfrutar y sentí la tensión empezar a crecer, pero nada se comparó cuando convulsionó gritando mi nombre y sosteniéndose con ambas manos en mis hombros. Nunca antes me había sentido tan orgulloso y satisfecho de brindarle tal placer a una mujer, ella era la única quién me inspiraba a llevarla tan lejos perdiéndose en el deseo.


Sin salir aún de su cuerpo, esperé pacientemente que recuperara el ritmo de su respiración, moviendo de vez en cuando mis dedos causándole otras pequeñas convulsiones, respondía a mí, a mis caricias. Saqué mis dedos de ella y me puse de pie tomando una copa de champagne. Llevé mis dedos a mi boca y probé uno, lamiendo todo el placer que ella había dejado en él y le acerqué el otro dedo el cual succionó absorbiéndose y llenando su boca de ella misma. Le di un trago al champagne y ella repitió la acción cerrando sus ojos, saboreándose. Sonreí al pensar en lo que Isabella estaba viviendo conmigo y en todo lo que le faltaba todavía.

Tenía a Bella entre mis piernas, remojados en la bañera. Ella jugaba con los dedos de mi mano y yo con la otra acariciaba a una de mis niñas lentamente y sonreía por lo pronto que reaccionaba al sentir mi contacto. Podría estar así por siempre, con Isabella junto a mí, sin preocupaciones, sin lejanías, sin pasado…

Soltó mi mano y se giró para mirarme seria, se acercó y me besó intensamente.

--Te quiero Edward – me dijo con voz bajita y muy tímida, como una gatita.

--¿Tú me quieres? – Y ella asintió despacio sin dejar de mirarme – Yo te amo Isabella – le confesé tranquilo, sin pretender asustarla, sólo necesitaba que lo supiera. Bella abrió los ojos tan grandes como pudo y dejó de respirar. La rodeé con mis brazos y la acerqué a mi cuerpo.

--Respira Bella – murmuré contra su rostro mientras repartía besos en él.

--Edward yo… - apenas podía hablar, temblaba entre mis brazos – yo…

--No digas nada amor – acariciaba su espalda – no necesitas decirme nada.

--¡Pero tú me amas! – Continuaba sorprendida - ¡Me amas!

--Con toda el alma Isabella – la acomodé a horcajadas sobre mí para poder besarla, verla y disfrutar cada una de sus expresiones – y porque te amo, reconozco que he actuado como un chiquillo contigo. Tú has querido compartir tus logros y alegrías conmigo y yo no he sabido valorarlo, pero quiero hacerlo, déjame intentarlo, quiero alegrarme por cada cosa que te cause alegría, apreciar tu trabajo, enséñame Bella – y atrapé sus labios de nuevo, emocionado.

--¡Edward yo también te amo!, ¡Con todo mi corazón!, ¡Desde que te vi… – tomó aire para continuar pero no la dejé.

--Shh, no digas nada – la hice a un lado para levantarnos - Ven Bella, déjame hacerte el amor, quiero demostrarte cuanto te amo – salimos de la bañera y secamos rápidamente nuestros cuerpos, nos recostamos en la cama y me dispuse a demostrarle a mi Isabella qué tan grande era todo el amor que sentía por ella.

Su piel brillaba y era para mí un manjar exquisito, invitándome a probarla, a pasar mi lengua por sus hombros y su cuello que olían como toda su piel, a frescas fresas, a limpio, excitando mis sentidos, haciendo volar mi mente. Sentí sus dedos enredarse en el pelo de mi nuca, jalándome con fuerza cuando reaccionaba a alguna caricia mía, cuando mis labios bajaron hasta mis niñas y atrapé una con mi boca mientras la otra recibía las caricias de mi mano, pellizcándolo suavemente, estirándolo, endureciéndolo. Bella se arqueaba y gemía fuerte, levantaba sus caderas, me pedía colocarme sobre ella, quería sentirme dentro. Me mataba cada vez que me suplicaba y me ponía en una disyuntiva ya que por un lado quería saciarla de la necesidad apremiante que tenía de mí, quería darle paz a su cuerpo que se retorcía como si se estuviera quemando por dentro y yo fuera su único remedio, y por otro, quería prolongarle esa ansiedad, retardar la culminación de su deseo porque sabía que si lo hacía su recompensa sería mayor.

--Edward te necesito – gimió entre palabras – por favor…

--Lo sé Bella – respondí como pude – paciencia…

Descendí sobre su vientre repartiendo besos, dejando dibujos húmedos con mi lengua, enloqueciéndola, pero Bella, siempre ansiosa y nada paciente se movía insistentemente incitándome. Llegué a mi cálido lugar, pasando mis dedos sobre el desnudo triángulo, mis labios saborearon esa porción de piel bajando lentamente mientras abría sus piernas dándome espacio. Maravillado observé el regalo que Isabella me brindaba, no sólo su cuerpo, sino su confianza y el mejor de todos, su amor. Con cuidado acerqué mis labios entre sus pliegues, rozándola mi lengua sobre su hinchado clítoris, paseándola despacio por sus lados, succionándolo después, mordiéndolo suavemente, jalándolo con mis dientes, haciendo que Bella gritara mi nombre repetidas veces y hasta me amenazara de muerte si no la hacía mía en ese mismo instante.

Pude haber prolongado ese castigo divino pero mi Bella no se lo merecía. Me coloqué un estorboso condón y me ubiqué en su entrada.

--¿Me sientes Bella? – Mi respiración agitada me hacía difícil hablar - ¿Qué es lo que quieres?, ¡Pídemelo!

--¡A ti! – Gritó - ¡A ti Edward!, ¡Por favor!

--¡Abre los ojos!, ¡Mírame! – y con un fuerte empujón de mis caderas la penetré. Salí de ella para repetir el movimiento y la escuché…

--¡No Edward!, ¡No me dejes!, ¡Te amo! – su voz salió en un grito angustiado.

--¡Jamás amor!, ¡Te amo! – le contesté como la intensidad del acto me lo permitió. La embestí varias veces hasta que tomé una de sus piernas y la subí a mi hombro, para llegar más profundo en ella, que gemía cada vez más fuerte y su pecho subía y bajaba con más rapidez.


--Oh Edward, ¡Más fuerte! – pidió entre jadeos y la obedecí con cautela, no quería lastimarla. Isabella comenzó a tensarse a mí alrededor y su vientre se contrajo, lo que me decía que estaba muy cerca ya. Aceleré mis movimientos y entonces yo también sentí un primer aviso. Dí los últimos empujones de mis caderas contra ella cuando un fuerte grito llenó la habitación, cerrándose por completo y con una gran fuerza sobre mi miembro, sacándome de ella haciéndome actuar rápido y volviendo a entrar para que después de un par de embistes más, terminara tan fuerte como ella. Eso nunca me había ocurrido, sólo Isabella podía sacarme con esa fuerza de ella, provocándome el mejor de los orgasmos. Me tumbé a su lado rodeando su cintura con un brazo. Ella era mía, me pertenecía tanto cómo yo le pertenecía a ella.

--Te amo Bella – susurré a su oído.

--Y yo a ti Edward – y un gruñido proveniente de su estómago nos hizo reír.

Semidesnudos, ella en una bata sin nada debajo y yo con mis bóxers, fuimos a la cocina a comer algo. Sumido en las emociones, olvidé todo lo que Nadia me había hecho comprar para mi noche romántica, así que en ese momento, coloqué los quesos para el fondue, puse los pedacillos de pan en un plato junto con algunos jamones, un poco de paté foi grass y abrí otra botella, de vino esta vez. No le permití prender la luz, todo lo hicimos bajo la suave luz de las velas, no quería que se rompiera el encanto y sobre todo porque faltaba algo más.

Nos sentamos en el suelo sobre un mantel. Nos dimos, como siempre lo hacíamos, de comer en la boca, nos reímos, nos besamos y volvimos a amarnos en el suelo de la cocina, esa sería una noche inolvidable.

--Ahora vengo amor, no tardo – me levanté rápido y fui a nuestra habitación por mi regalo para Bella. Esa no había sido idea de Nadia como todo lo demás y que nunca acabaría de agradecerle, el regalo fue idea mía y tuve que correr prácticamente para alcanzar abierto el lugar para comprarla. No me tomó mucho decidirme, desde que la vi, supe que era justo lo indicado para Bella, sólo por el momento.

Regresé a la cocina sólo para llevar a Bella de regreso a la cama, la cocina era un poco fría y yo quería que ella estuviera cómoda, calientita y entre mis brazos. La senté y la cubrí con las mantas, me puse frente a ella con sus manos entre las mías.


--Isabella, gracias por todo tu amor y por toda tu paciencia – y coloqué en sus manos una cajita azul con un moñito blanco, un corazón y un candado pequeño colgando. A Bella se le salieron los ojos al mirarla – Te amo – y le dí un suave beso en los labios. Lentamente, deshizo el moñito y abrió la cajita. Con cuidado sacó de ella una pulsera de oro blanco con un corazón que decía al frente “Please Return to Edward Cullen”
--Es hermosa – la observó y leyó la inscripción en voz alta – “Por favor Regresar a Edward Cullen” – me rodeó el cuello con sus brazos - ¿Y no tengo escapatoria Ingeniero Cullen? – sonrió pícara y restregando su cuerpo en el mío.

--Mmm no creo señorita Swan, a menos que tenga algo qué ofrecerme mientras pienso en alguna otra opción aunque no le aseguro nada sin una buena oferta de su parte – dije contra su cuello, hundiendo mi rostro en él.

--¿Qué le parece si me pone mi hermosa pulsera mientras pienso qué puedo ofrecerle? – su voz melosa me podía prender en un segundo.

--Tengo una mejor idea – dije recostándome contra la cabecera con ella entre mis piernas.

--¿Y cual es? – giró para mirarme intrigada pero mantuve su espalda pegada a mi pecho.

--Te propongo ser un apoyo para ti más que alguien en contra, nunca lo quise así Bella, pero reconozco que mi egoísmo me sobrepasó – pasaba mi nariz detrás de la piel de su oreja mientras hablaba.

--¿Hablas en serio? – ya no pude tenerla contra mi cuerpo, se había girado por completo y la tenía frente a mí con los ojos abiertos enormes y su rostro con una sonrisa de felicidad envidiable. Asentí contento también por hacerla tan feliz con sólo mi promesa, comprendiendo lo mucho que significaba para ella y me prometí a mi mismo hacer el máximo esfuerzo para no defraudarla nunca.

--Que bueno cielo, porque ¿Qué crees? – se puso a horcajadas sobre mí brincando emocionada. Yo estaba hipnotizado con esa escena, Isabella feliz sentada sobre mí y mis niñas saltando frente a mis ojos, no podía ni hablar.

--Dime – tragué en seco y aclaré mi garganta – dime Bella, qué es lo que te emociona tanto.

--El photoshoot en la playa, ¡Es en Punta Cana! – abrí los ojos viéndola tan feliz compartiendo la noticia conmigo – y a que ni te imaginas para qué revista es – me observaba coqueta y provocativa jugando con su cabello que caía suave sobre mis niñas, ocultándolas de mí.

--No tengo ni la menor idea amor, dime ¿si? – le pedí casi ronroneando y tratando de acercarme a ella.

--¡Sports Illustrated! – Gritó feliz. Yo sólo cerré los ojos apretándolos fuertemente al igual que mis puños a cada lado de mi cuerpo, respiré hondo y traté de sonreír lo más natural posible. Bella se tensó por mi reacción pero la agarré de los brazos y le dije…

--Bella… - suspiré y continué – no importa si me gusta o no, lo que importa es que aquí estoy amor, apoyándote para lo que necesites, si tienes que irte varios días, yo aquí te espero, si tienes que entrenarte para eso, lo haré contigo, estamos juntos, para lo que sea – la abracé para reconfortarla.

--¿De verdad? – Era tan fácil que dudara de mí que me dio miedo. Asentí – Gracias, gracias Edward, por intentarlo – mi niña me agradecía de corazón, y yo sentía aún más fuerte la necesidad de ser sincero con ella.


--Isabella, necesito contarte algo… – comencé a decirle pero fui incapaz de seguir hablando, Bella descendió en mi cuerpo hasta quedar su rostro frente a mi miembro que ya había despertado cuando mis niñas saltaban en mi cara. Lo atrapó entre sus manos y su boca se acercó a él, besó la punta y un gemido salió de mi garganta cuando sus manos comenzaron ese sube y baja que me volvía loco. Mis testículos fueron presa de una de sus manos, los acarició lentamente y con cuidado sin perder el ritmo que había establecido sobre mi miembro que clamaba por su cálida boca. Y cómo si se lo hubiera podido pedir, sentí el calor que le proporcionaba humedeciéndolo con su saliva y lubricándolo para ayudar a sus manos para moverse sobre él. Bella también gemía, le gustaba darme placer con su boca y yo adoraba eso. Me introducía y me sacaba al mismo tiempo que me apretaba entre sus manos, era una bendita locura perderme en sus caricias. Mis gemidos eran tan fuertes que ella apresuraba su ritmo haciendo crecer la tensión en mi vientre bajo, recibiendo un latigazo cómo primer aviso para el orgasmo. Bella lo notó, así como tantas cosas que ya no le pasaban desapercibidas de mí. Al recibir otro fuerte aviso, me tensé por completo.

--Bella, detente – le pedí ya que no quería terminar en su boca, no le sería agradable en absoluto – no sigas… - pero no me hizo caso. Me sostuvo con más firmeza entre sus manos y sus movimientos fueron más rápidos. La tensión se concentró en un solo punto cuando Isabella me tenía en lo más profundo de su garganta. El jadeo más fuerte escapó de mí al perder un poco la conciencia justo cuando sentí golpearme ese increíble orgasmo, liberándome en su boca sin poder hacer nada – ¡Bella Dios!

Bella me tragó completo, como si lo hubiera hecho antes, como si le gustara. Me recuperé y al abrir los ojos, estaba sobre mí, buscando mi mirada. Una sonrisita prepotente estaba dibujada en su cara, orgullosa, altiva.

--¿Y bien? – preguntó como si esperara una calificación y si hubiera tenido que darla, en ese momento se ganaba ¡Un 100!

--Eso no estuvo bien Bella – fingí estar enojado – ¡Estuvo excelente!, Ven aquí – la jalé hacia mí para besarla y acariciar su espalda. Permanecimos un rato abrazados disfrutando nuestra cercanía y cuando la sentí tranquila intenté de nuevo.

--Bella – besé su coronilla – necesito decirte algo – y cómo si lo hubiera presentido, se levantó, me miró y me dijo seria…

--Si no vas a decirme que me amas no quiero saber nada – se metió al baño y la seguí, era necesario que me escuchara.

--Necesito que me escuches amor, es importante, por favor – le rogué.

Me miró por el espejo mientras se cepillaba los dientes y se enjuagaba la boca, se secó con una toalla y con una sonrisa me dijo – lo haré, pero no hoy Edward, no hoy – agarró mi mano y me llevó de nuevo a la cama, nos acostamos y su rostro estaba sobre mi pecho, una de sus piernas enredada entre las mías y sus dedos jugando con los vellos de mi abdomen, estremeciéndome de nueva vez.


--¿Sigue en pie todo lo que me dijiste esta noche? – quiso saber.

--Por supuesto que sí – pasé una mano por mi pelo, nervioso por lo que me pudiera pedir.

--Bien, porque te aviso que entrenaremos diario a las 6 de la mañana – dijo tranquila.

--¿Qué?, ¿Diario?, ¿6 de la mañana?*.

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7 comentarios:

CRIS dijo...

que momentos madre mía, que momentos, ufffff que calor por dios!!!!!!!!
está bien que recapacitara Edward, porque ese comportamiento infantil y egoista no le era bueno para nadie, y ahora que estaba dispuesto a contarle lo de su pasado, Bella no le deja, vaya con estos dos!!!!

espero con ansias el siguiente capitulo

besos

Ana DirtyDraco dijo...

Desde luego Li nos vas a hacer combustionar, me encantan las fotos con las que salpicas tu relato es como ver lo que pasa, no solo imaginarlo. Me tienes en ascuas con el pasado de Edward, por favor no nos hagas sufrir, cuentanoslooooo.Sigue excitando nuestra curiosidad, nuestras mentes y nuestro corazon.Gracias Li.
SWEETPATT

Nani-PattinsonWorld dijo...

owwwwwwww fantastico cariño, dios que capitulazo, creo que soy charquito ;), entre lo que leo y las imagenes que acompañan, nos veas...
Gracias cielo, por subir tus capis siempre, no fallas eh ... que crack eres. Un besazo enorme desde muyyyy lejos jaja

Roma dijo...

wow, que le hará pasado a Edward, no creo que de verdad deje de ser posesivo.Es Edward!!!
felicidades como siempre Li.

Charo dijo...

Buenisimo el capitulo Li, super calentito.
Espero que Edward se vaya acostumbrando por que sino en una de estas rabientas de celos Bella se va a mosquear y ya veremos como salen estos dos.
Haber si para el proximo nos das alguna pistilla del pasado de Edward, estoy toda intrigada.
Besos, Gala

joli cullen dijo...

HOLA QUE ORIGINAL ESTE CAPITULO SUPER HOT COMO SIEMPRE OLLE QUE BELLA NO SE ENOJE DESPUES NO DEJA HABLAR AL POBRE DE EDWARD Y YO ME COMO LAS UÑAS POR SABER QUE ONDAS CUAL ES SU PASADO HAY ME GUSTAN MAS ASI DE FELICES NO ME GUSTAN LOS DRAMAS AUNQ LO HACE MAS EMOCIONANTES ESPERO EL OTR CAPITULO BYE

dracullen dijo...

super hot!!! kiero saber ke es lo ke edward esconde!!! por ke bella no kiere escucharlo??? diablos por lo menos ya le dijo ke lo escuchará :D