jueves, 3 de marzo de 2011

CAPITULO 53

CAPITULO 53



BELLA’S POV

Me aferré al brazo de mi padre y dimos el primer paso hacia el altar bajo la cúpula. Todo iba sucediendo como en cámara lenta ¿Podría llegar al final del pasillo? Mis piernas temblaban y prácticamente no las sentía; me sudaban las manos y el velo no me permitía ver bien. Papá me guiaba a mi felicidad pero sentía que el camino era demasiado largo. Apretó mi mano y entonces ahí estaba él. Mi mundo se iluminó al verlo. Ya no me importaba si sentía o no las piernas yo llegaría junto a él y ya no tendría que temer por nada. Muy poco a poco nos fuimos acercando hasta estar a su lado y tomé la mano que me ofreció.

–Te entrego a mi hija Edward, sé que la harás muy feliz – oprimió nuestras manos y descubrió mi rostro del velo. Nuestras miradas se buscaron ansiosas y vi sus ojos humedecidos al igual que los míos. Recogió una lágrima con uno de sus dedos y me sonrió.

Durante toda la ceremonia nuestras manos estuvieron entrelazadas. Sé que el padre habló muy bonito pero no logro recordar exactamente bien las palabras que nos dedicó, solo supe que el momento de decir los votos había llegado. No quisimos escribirlos con anterioridad, solo sabíamos que queríamos decir lo que nuestro corazón nos dictara en ese momento. Nuestras manos se apretaban en todas las intensidades, nos sudaban; temblábamos y solamente teníamos ojos para nosotros, no veíamos nada más, pero ahí estábamos como muestra fiel de las palabras y sentimientos que tratábamos de expresar por el otro, juntos y apoyándonos siempre.

–Edward, creo que las casualidades no existen, Dios te puso en mi camino y estoy más que convencida de eso ya que tú iluminas y llenas cada día de mi vida, eres mi destino, mi refugio, mi alma gemela, mi protector, mi amigo y mi amante, déjame serlo también para ti y así construir juntos una familia, una vida y una historia. Me entrego a ti para ser tuya por siempre… te amo Edward.

El estaba tan emocionado como yo al pronunciar mis votos, sus ojos penetraban en mi alma y no parpadeaba ni siquiera por la humedad que los inundaba. Cuando fue su turno, se aclaró la garganta y lo miré con la más profunda e infinita devoción.

–Isabella, eres el gran amor de mi vida, la única que será siempre la dueña de mi mente, mi alma y mi corazón. Quédate siempre a mi lado, sé mi amiga fiel, mi amante y mi confidente. Yo seré tu compañero incondicional y quien promete cuidarte y amarte todos los días de nuestras vidas. Eres la razón de mi vida… te amo Bella.

Fue un momento sublime. Dejé de sentir los latidos de mi corazón y todo a mi alrededor dejó de existir hasta que escuché la pregunta…

–Edward ¿Aceptas a Isabella como esposa y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y así amarla y respetarla todos los días de tu vida?

–Sí, acepto.

–Isabella ¿Aceptas a Edward como esposo y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y así amarlo y respetarlo todos los días de tu vida?

–Sí, acepto.

Volví a perderme en sus ojos hasta que lo oí decirme…

–Isabella, recibe este anillo, como signo de mi amor y de mi fidelidad.

Supe que tenía que salir de mi ensueño y reaccionar rápidamente, tragué con dificultad y dije en voz un poco baja.

–Edward, recibe este anillo, como signo de mi amor y de mi fidelidad.

Colocamos los anillo en nuestros dedos y luego me entregó las arras como prenda del cuidado que tendría para que nunca faltara nada en nuestro hogar y yo las recibí en señal del cuidado que tendría de que se aprovechara todo de lo que él nos proveyera. Alice y Rosalie nos colocaron el lazo que nunca supe en qué momento nos lo quitaron y el padre por fin, nos dio la bendición antes de declararnos marido y mujer.

–Puedes besar a la novia…



***

EDWARD’S POV

El padre no había terminado de hablar cuando mis labios atraparon los de Bella en un cálido y dulce beso en el que le entregaba mi alma. Nuestra familia aplaudía junto con nuestros amigos y yo feliz, me disponía a recorrer el pasillo con mi esposa del brazo.

En el camino, miles de burbujitas nos bañaron mientras que todos los invitados repiqueteaban campanitas en señal de alegría y buenaventura. Salimos del pasillo y los abrazos y las felicitaciones no se hicieron esperar. En ningún momento solté la mano de mi esposa y ella también se mantuvo fuertemente agarrada, tampoco quería separarse de mí.

–Edward, Bella – Jimmy nos llamó – hay que bajar a la recepción.

–¿Se encuentra usted bien, señora Cullen? – le pregunté al oído.

–Maravillosamente bien, señor Cullen, ahora precisamente me siento mejor que nunca.

***

BELLA’S POV

Bajamos hasta llegar a la playa ya que la ceremonia se había realizado en un nivel más alto de los jardines y frente al mar, bajo una cúpula diseñada expresamente para eso. Era hermosa y parecía flotar sobre el mar azul. Todos nos esperaban ansiosos para hacer nuestra entrada como esposos y hacer nuestro primer baile. ¡El baile!

¡Olvidé por completo elegirla! Yo no podía bailar cualquier canción, tenía que ser especial, escogida por ambos. Bueno, algo tenía que habérseme pasado, solo rogaba porque no tocaran una balada sosa y común. Edward me rodeó la cintura y me guió hasta la entrada de la enorme carpa especialmente acondicionada para la recepción.

–¿Preparada? – asentí nerviosa y los aplausos se dejaron oír apenas pusimos un pie dentro de ella. Edward me llevó de la mano al centro de la pista de baile y tomó una de mis manos, la entrelazó con la suya y se la llevó al pecho, con su otro brazo, rodeó mi cintura acercándome todo lo posible a su cuerpo y yo sentí que no era suficiente, necesitaba adherirme a su cuerpo por completo y recargué mi rostro en su pecho. Entonces la comencé a escuchar… ¡Era nuestra canción! La que bailamos y me cantó al oído en el baile de beneficencia aquella noche… era “Everything”.

Miré a Edward sorprendida y él me regaló esa sonrisita de lado que me derretía hasta los huesos. Más feliz que nunca, me perdí en su pecho y me dejé llevar hasta que algo me hizo voltear hacia el escenario donde estaba la orquesta. Edward me sostuvo más fuerte y si no hubiera sido por él, hubiera caído directo al piso sin remedio. Solo mi esposo podía darme una sorpresa como esa… Michael Bublé en persona nos cantaba nuestra canción.

-¡Edward! – grité emocionada sin faltarme las lágrimas en los ojos.

–Felicidades, señora Cullen, le deseo con toda el alma que tenga una larga y feliz vida conmigo.

–Sí amor, para siempre – volvimos a fundirnos en un beso que no demandaba nada, solo estaba lleno de pasión y entrega total.

And in this crazy life, and through this crazy times


It’s you, It’s you. You make me sing


You’re every line, you’re every word, you’re everything…

Todavía no podía creerlo pero no iba a perder mi tiempo en eso, estaba disfrutando mi maravilloso regalo abrazada a mi esposo. Eso me recordó que yo también tenía algo que darle. Saqué de entre mis senos una muy bien guardada bolsita pequeña de organza transparente. Tomé su mano derecha y lentamente coloqué un anillo que llevaba grabado “Twins” en la parte interior.

–Gracias por hacer realidad mi sueño Edward, te amo – me miraba perplejo con los labios entreabiertos.

–Pero… yo no te compré nada Bella – dijo con pena – no tengo un regalo para ti.

Llevé su mano a mi vientre – ¿Y esto? ¿Y mi canción? ¿Y que me ames tanto? – pegó su frente a la mía y sonrió de ese modo en el que solo él podía hacerlo.

–Entonces considérese muy bien regalada señora Cullen porque mi amor lo tendrá a manos llenas por siempre y esto – acarició mi vientre – esto es sólo el principio…

Giramos y giramos en la pista, felices. Bailamos un par de canciones más y Michael nos felicitó deseándonos lo mejor en el futuro. Yo me sentía en las nubes y estaba segura que mi rostro lo reflejaba.

–Bella, creo que alguien quiere hablar contigo – dijo aguantando una sonrisita.

–¡Hey chica! – era mi adorado Jake – por fin te convenció este hombre y caíste en sus redes – Jake me daba un abrazo levantándome del piso y Edward abrió los ojos asustado.

–¡Cuidado Jake! Mi familia está ahí dentro – señaló mi abdomen indicándole que eran dos bebés y Jake me miró atónito.

–¿¡Qué!? ¿Cómo? – asentí y luego una enorme sonrisa apareció en su rostro – ya sé como pero mejor no me lo digan – sacudió su cabeza – ustedes no pierden el tiempo ¿Verdad? ¡Seré tío de gemelos!
La fiesta transcurría felizmente y Edward y yo bailábamos por ratos o platicábamos con quien se acercaba a felicitarnos. Llegó el momento de la cena; a Edward le encantó la selección de los platillos y yo estaba satisfecha porque todo estaba saliendo a la perfección. Era la hora de lanzar el ramo y ubiqué bien a Rose; lo tiré con todas mis fuerzas y para sorpresa de todos, Alice fue la feliz soltera que lo atrapó y Jasper aplaudía contento.

Tocaba el turno de Edward para quitarme la liga; me senté frente a todos y mi esposo se arrodillaba al mismo tiempo que levantaba discretamente la orilla de mi vestido. Sus manos acariciaron toda mi pierna y una de ellas subió hasta rozar levemente mi sexo. Me estremecí y afortunadamente, ya estaba terminando de bajar la liga por mi pierna. Entre bromas y tragos de tequila la lanzó y para regocijo de Rose, Emmett la sostenía orgulloso entre sus manos.

Cuando bajó el sol, continuamos la fiesta en la playa, en las mesas, salitas lounge y las camas. Yo me quité los zapatos y estaba descalza como ya lo estaban la mayoría de los invitados; Edward hizo lo mismo, ya se había quitado algo de ropa y solo tenía el pantalón y la camisa con los botones abiertos hasta el pecho, se veía tan guapo con ese aspecto despreocupado, su pelo irremediablemente rebelde y esos ojos verdes que cada vez que me miraban me traspasaban el alma.

No quería que nuestra fiesta acabara. Para los invitados seguiría hasta amanecer pero nosotros teníamos que ajustarnos a un horario. Ya tenía que empezar a despedirme y subir a cambiarme porque nuestra luna de miel nos esperaba. Cuando las lágrimas de despedida y felicidad ya se habían agotado de mis ojos, Jimmy me acompañó para ayudarme a quitar mi precioso vestido. Quería darme una rápida ducha antes de volver a vestirme. Me puse un vestido muy cómodo de Stella McCartney para viajar y una chaqueta ya que no tenía ni idea de a donde me llevaría. Por más que sonsaqué a Choo, era una caja hermética, no soltó ni media palabra.

–Sólo quiero que te diviertas mucho, es tu luna de miel Bella, disfrútala tanto como puedas.

–Te prometo que lo haré Jimmy… – esa despedida iba a ser mortal, así que hicimos como si fuera una despedida común. A los pocos segundos Edward golpeaba a mi puerta. Salí de mi habitación de la mano de mi esposo y sin mirar atrás. No tenía porque hacerlo, mi vida estaba hacia adelante, con el hombre que caminaba junto a mí y al cual unas horas antes le había entregado mi vida por completo.

Una camioneta esperaba por nosotros para llevarnos al aeropuerto. No me sorprendí al ver que era un vuelo privado, no podía esperar otra cosa de Edward; acomodados en los enormes asientos y con los cinturones puestos, Edward deslizaba su mano por mi muslo.

–¿Cielo? – lo miré advirtiéndole donde estábamos.

–Es solo para que te relajes, amor – me sonrió muy pícaro pero cedió.

–¿Vamos muy lejos?

–Tal vez ¿Qué te preocupa? Este es un avión que tiene todas las comodidades Bella, prácticamente no hay algo que necesites que no encuentres aquí, relájate, ven – me abrazó como pudo y despegamos. Varios minutos después del despegue, nos acostamos en la cama de la pequeña habitación. El vuelo fue largo; un poco más de diez horas y si Edward tenía pensado en hacer algo mientras estábamos en el aire, sus planes tendrían que esperar al vuelo de regreso porque en ese, ambos habíamos caído rendidos por los nervios, el estrés acumulado y el obvio cansancio por todo lo ocurrido durante todo el día, hasta que unos golpecitos en la puerta nos despertaron.

–Ingeniero, señora – dijo amablemente la aeromoza – aterrizaremos aproximadamente en media hora.

Nos arreglamos un poco y nos sentamos de nuevo en los sillones para el aterrizaje que por fortuna fue muy suave pero mis pequeños no lo pensaron así y decidieron hacerse notar apenas el avión dejó de moverse en tierra. Me desabroché el cinturón a velocidad de rayo y corrí al baño con Edward detrás de mí.

–¿Necesitas algo, amor? ¿Ya estás mejor?

–Dame un minuto – le pedí porque sabía que aún no había terminado ahí – y estaré bien.

Unos veinte minutos después, bajaba del avión feliz y ansiosa por saber en donde me encontraba.

–Bienvenidos a Palma de Mallorca – dijo el capitán – disfruten su estancia.

–¿Palma de Mallorca? – Edward me miraba divertido y se encogía de hombros – ¿Qué? – le pregunté confundida por su actitud ¿Acaso no era ese nuestro destino final?

El estaba disfrutando mucho tenerme en ascuas y yo no lo soportaba. Atravesamos casi todo ese precioso lugar y llegamos a un muelle; definitivamente no sabía qué pensar y Edward no era de mucha ayuda. El auto se detuvo y nos bajamos, me tomó por la cintura y caminamos con cuidado hasta quedar frente a un yate monumental. Estaba sin habla.

–Este es el “Capricho” – me abrazó besando mi cuello y mordiendo levemente el lóbulo de mi oreja – esta será su casa por un mes señora, bienvenida…

–¿Edward? ¿Cómo? ¿Un mes? – mi confusión era notoria.

–Un mes mientras paseamos por toda la Costa Azul y las Islas Griegas.

–¡La Costa Azul! ¡Las Islas griegas! ¡Sí!

***

EDWARD’S POV

Bella parecía una niña pequeña recorriendo todo el yate y yo detrás de ella; supuse que tenía que empezar a acostumbrarme a perseguir criaturitas pequeñas. Una sonrisa enorme apareció en mis labios. El capitán Dubois nos presentó a la tripulación. Nos enseñó las habitaciones principales y por último nuestro dormitorio. Bella se tumbó en la cómoda cama.

–Esto perfecto cielo ¿Cómo se te ocurrió?

–Fuiste tú Bella, te escuché un día diciendo que viajabas mucho pero que casi no conocías nada y que si pudieras te pasarías un mes en un hermoso yate paseando por toda la Costa Azul llegando hasta las Islas Griegas, yo solo cumplí tus deseos… – me acosté en la cama y la atrapé en mis brazos besándola ansioso de ella.

–¿Pero un mes? ¿Qué haremos un mes a bordo de esto?

–Absolutamente nada Bella, nada que no sea amarnos…

***

–Que hermosa piel…

Si no hubiera sido porque estuvimos casi doce horas encerrados en nuestro camarote haciendo el amor como locos y durmiendo por ratos, me la hubiera llevado de regreso para empezar de nuevo otra ronda. Sacudí la cabeza y continué masajeando su espalda con el protector solar en mis manos.

–¿Te gusta mi bikini? – se puso de pie y hacía poses sensuales, tentándome.

–Me gusta – acepté – pero me gustará aún más cuando lo vea en el suelo en nuestro camarote – me sonrió y se montó a horcajadas sobre mí, haciéndome reaccionar más que inmediatamente.

–Quiero bajar a conocer, llévame…

–Sí señora, lo que usted desee, sólo vístase porque ni loco le permitiré bajar a tierra con esos 2 centímetros de tela.

–¡Edward!

–Tendré que hablar con Jimmy, le pedí que metiera muchos, muchos bikinis pero parece que sólo metió los de sus Barbies.

Un par de horas después, paseábamos por las calles de Palma y yo iba feliz de la mano de Edward, tratando de capturar todo lo que mis ojos veían de ese bello lugar. Comimos en un restaurante que el capitán Dubois nos recomendó y quedamos encantados ya que la cocina era excelente. Por la tarde, regresamos al yate; estábamos un poco cansados y aún con el jet lag haciendo click en nuestro sistema. Dormimos un rato y luego nos dimos un baño para subir a cenar a cubierta en donde Marcus, el chef de abordo, nos esperaba con una suculenta cena.

–¿Estás contenta? – la abrazaba por detrás mientras mirábamos las luces de la Ciutat, como la llaman los mallorquines.

–¡Estoy feliz cielo! Gracias por traerme…

–Bella – la giré para que me mirara – no vuelvas a agradecerme nada, eres mi esposa, mi mujer, la madre de mis hijos y pondré el mundo a tus pies sin la menor intención de buscar tu agradecimiento, sino tu felicidad – levanté su rostro para besarla.

–Gra… ¿Tus hijos? ¿Crees que serán niños? – cambió rápido el tema así como su expresión – ¿Qué te gustaría que fueran?

–¿Sabes? – nos recostamos en los camastros – no lo sé… a veces me veo llevando a un par de pequeñines en mis brazos con sus gorritas y sus trajecitos de béisbol y otras veces abrazo posesivamente a dos princesitas idénticas a su mami, con sus vestiditos rosas y sonriéndome como si yo fuera la luz de sus intensos ojos color chocolate… ¿Y tú, amor? Dime que te gustaría tener.

Dio un suspiro muy profundo y se giró sobre mi tomando mi cara entre sus manos – Yo quisiera tener un niño y una niña, igualitos a ti, con el color de tu pelo y el verde de tus ojos, pero sin duda lo que más deseo es tenerlos ya en nuestros brazos…

–¿Por qué tener esta incertidumbre si podremos salir de dudas muy pronto? – no iba a dejar de esforzarme por convencerla.

–Prefiero esperar – dijo segura – tú puedes saberlo antes si quieres pero por favor, a mi no me digas, será lindo esperar.

¡Dios! Mi mujer tenía una voluntad de hierro, esa tarea resultaría ser muy difícil, pero estaba seguro de poder lograrlo, apenas empezábamos nuestra luna de miel y tenía planeados algunos métodos de persuasión muy efectivos.

–¡No! nos enteraremos juntos y cuando tú lo decidas – dije esperando hacerla cambiar de opinión – pero mamá tendrá que saberlo para decorar la habitación, jamás se permitirá hacer algo “neutro” para sus nietos – allá iba la primera bomba. Sí, era un chantajista pero era por una buena causa.

–Ya veremos cielo – dio unas palmaditas en mi pecho – ya veremos – primer avance interceptado…

***

Nuestro primer punto de atraco fue Marsella, luego siguió Saint Tropez donde a diario bajábamos al puerto a cenar en algún restaurante de moda ya que durante el día, estábamos muy ocupados no haciendo nada más que estar tumbados en cubierta bajo el sol o dentro de la pequeña piscina que tenía el yate, Bella tomando cócteles sin alcohol que Marcus le preparaba y yo, whisky.

A Bella le encantó Saint Tropez y nos quedamos casi una semana ahí. Además de las cenas diarias, fuimos de compras y una noche me convenció de ir a un club. Yo no pude negarle nada ya que se veía resplandeciente, feliz, plena y con una energía envidiable y si mi Bella quería ir a bailar o lo que fuera que quisiera, yo contestaba con un feliz y complaciente... “Sí, señora” porque estaba disfrutando nuestra luna de miel justo como yo quería que lo hiciera.

–¿Te acuerdas?

–¿De qué?

–De aquella vez en el club en Florencia – se giró y se pegó a mi cuerpo – en el rincón…

¡Como no acordarme! Estaba tan hambriento de ella como lo estaba en ese momento. Miré a mi alrededor y la rodeé con mis brazos moviéndonos a un lugar más oscuro y apartado.

–Lo recuerdo – besaba desesperado su cuello – también esa vez después del desfile de Victoria… estuviste grandiosa Bella – dije casi jadeando.

–Entonces ya sabes qué hacer…

La oculté con mi cuerpo. Mi pequeña bribona llevaba una falda que me daba mucha libertad y la aproveché; subí una mano por uno de sus muslos hasta la cadera y volví a bajarla a su entrepierna – abre las piernas Bella – me obedeció y con facilidad hice a un lado sus bragas para poder acariciarla más profundamente. Mi otra mano la sostenía bien de la cintura mientras devoraba con mi boca su cuello y el valle de sus senos con extremo cuidado.

Mis dedos separaron sus labios y rozaron su clítoris hinchado y palpitante como mi miembro que era prisionero dentro de mi pantalón y desesperado clamaba por salir a dar batalla, Bella perdida en mis caricias, subía y bajaba las manos por mi espalda y me excitaba más.

–Espero que no las necesites – dije arrancándole las bragas de un tirón – porque ahora solo nos estorban amor.

–Adentro… adentro – me urgió desesperada.

Hundí dos dedos dentro de su tibia cavidad y los moví un poco haciéndola estremecer; apurada, desabrochó mi cinturón y el botón de mi pantalón…

–Eso es amor, hazlo por mí – bajó la cremallera y mis bóxers liberando mi cautivo miembro y enrollándome una pierna alrededor de la cintura. Mi mujer estaba muy atrevida… La aferré con un brazo y de un certero empuje la penetré pegándola a la pared por la fuerza de mi embiste.

–¡Ahh! Síii, assí…

Arremetí contra ella varias veces, pocas, pero las suficientes para elevarnos a un orgasmo de proporciones memorables. Fue nuestro segundo en un lugar público y con suerte no sería el último, a Bella ya le estaba gustando la adrenalina de lo que eso implicaba y a mí, me volvía loco de gusto esa nueva cara más atrevida de mi Bella.

***

Cuando pude convencer a Bella de dejar Saint Tropez, paramos en Cannes y luego en Mónaco; en los días que estuvimos ahí fuimos al famoso Casino de Montecarlo y jugué unos cuantos lotes solo para divertirnos, recorrimos un par de pueblitos cercanos durante el día y por las noches, cenábamos en el yate deleitándonos con esa vista impactante y hermosa del exclusivo principado.

Navegamos después hacia Cerdeña, la exquisitamente hermosa isla italiana con sus hermosas playas y apenas Bella salió a cubierta y las vio, hizo que en menos de 20 minutos tuvieran lista la lancha que nos llevaría a tierra. Como era una playa virgen, Marcus nos preparó una gran cesta con comida y estuvimos listos para abandonar el yate por unas horas. Con cuidado acerqué la lancha a la orilla y bajamos para disfrutar de esas maravillosa playas. Nos instalamos bajo la sombra de un gran árbol y casi me atraganto cuando al girarme vi el bikini de Bella.

–¡Hoy mismo hablo con Jimmy! – dije bromeando.

–Cielo, no hay problema – dijo con voz dulce – si no te gusta… me lo quito.

Tuve que parpadear ante lo que vi; Bella no dudó en deshacerse del retazo de tela y se lanzó sobre mí. Por fortuna y previniendo que no podría mantener las manos alejadas de su cuerpo, tuve la precaución de descender en una playa bastante alejada del yate. Tendríamos mucho tiempo para amarnos rodeados de la naturaleza.

–Bella… adoro tus hormonas amor, estás a mil…

–A mi también me hacen muy feliz, pero no hables, ámame.

Pasamos un día sin igual. Desnudos tomando el sol, haciendo el amor y durmiendo una pequeña siesta después de comer las delicias que Marcus había preparado para nosotros. Nadamos un rato en ese impresionante mar azul y regresamos al yate agotados pero al parecer sólo hablaba por mi porque al llegar al camarote, Bella seguía con mucha energía. Entró al baño a cambiarse y cuando salió se abalanzó sobre mí. ¿Sería posible? Mi Bella estaba lista y dispuesta para otro round y yo, más dispuesto que nada para complacer a mi esposa.

Recorrimos varias playas de la isla con sus pequeños pueblitos y por supuesto, Bella no se quería ir. Tuve que convencerla pero no fue fácil.

–Piensa que todavía nos quedan muchas playas igual o más hermosas que estas amor, anda, no seas niña, ven aquí – la atrapé en un abrazo y se hundió en mi pecho.

–¡No quiero irme!

–Yo tampoco, pero ya puedes apuntar Cerdeña para unas futuras vacaciones.

–¿Con los gemelos? ¡Sería increíble traerlos o traerlas!

–¿Qué? ¡No! – le aseguré – ¿Mis hijos en un yate? Olvídalo Bella, eso nunca sucederá, no es seguro.

–¿Ves? El papá maniático tenía que salir. Quien sabe cuanto tiempo pasará antes de que podamos volver, debemos aprovechar ahora y quedarnos más días.

Después de una ardua negociación en la que hábilmente le propuse quedarnos el tiempo que quisiera a cambio de saber antes el sexo de nuestros hijos, enojada hizo un eterno puchero y se rehusó, encerrándose en el camarote por el resto de la tarde. Por fortuna el berrinche sólo le duró hasta que sus hormonas reclamaron las atenciones de su siempre bien dispuesto esposo.

A mitad de la noche, me giré en la cama y estiré el brazo para rodear la cintura de Bella pero su lugar estaba vacío. De un salto salí de la cama y fui al baño, pensando que estuviera ahí pero no había nadie. Angustiado la llamé pero no obtuve ninguna respuesta. Con toda la rapidez con la que pude, me puse el pantalón de la pijama y subí desesperado a cubierta gritando su nombre, pero ahí tampoco la encontré. Con el alma en un hilo bajé y me dirigía a despertar a Dubois cuando escuché risas provenientes de la cocina del barco.

Me asomé y el alma me regresó al cuerpo cuando vi a Bella sentada en la encimera platicando animadamente con Marcus. Me acerqué y no me sorprendió mucho ver a mi esposa con un bote de helado lleno de galletas de chocolate rotas dentro de él y una cuchara grande mientras Marcus le preparaba huevos con jamón.

–¡Bella! ¡Por Dios! Qué susto me has dado.

–Ah, los chicos están de antojo – dijo Marcus sonriente señalando el abdomen de mi esposa.

–¿Helado con galletas y huevos con jamón?

–¿Quieres, cielo?

***

BELLA’S POV

Mi luna de miel estaba siendo un verdadero sueño hecho realidad. Simplemente recorríamos los puertos más bellos de la Costa Azul en un impresionante yate, gozando de los más exclusivos restaurantes, tiendas, playas de revista y siendo consentidos por toda la tripulación. Edward y yo adorándonos y amándonos a cada momento, disfrutando de largas conversaciones, algunas serias y otras tantas divertidas buscando nombres para nuestros bebés. Yo me sentía mejor que nunca, salvo por las mañanas que tenía que correr al baño rápidamente.

Edward siempre iba detrás de mi una vez que salía de la cama aunque yo le rogaba que no lo hiciera ya que no era algo grato para mi tener público mientras los náuseas matutinas hacían de las suyas, pero él decía que ambos estábamos embarazados, que él era un papá completo que quería vivir todo el proceso conmigo y no sólo las partes buenas. Cada vez que lo escuchaba decirme lo mismo, mi corazón se hinchaba de alegría ¡Cómo amaba a ese hombre!


Después de zarpar de la idílica Cerdeña, hicimos un alto en Malta y seguimos nuestro rumbo a Creta donde nos quedamos un par de días y continuamos a Santorini que para mi sorpresa resultó sencillamente hermoso. No creí encontrar un mar más azul que el de Cerdeña pero me equivoqué.

–¿Quieres que bajemos a cenar? – dijo abrazándome por detrás.

–Prefiero quedarme y cenar a bordo, quiero guardar energías para mañana, pienso subir todas esas escaleras – dije entusiasmada pero Edward no pensó que fuera buena idea.

–¡Oh no! Vaya despidiéndose de esa idea señora, usted no va a hacer ni un solo esfuerzo – dijo muy serio – mañana iremos a un club de playa y pasaremos todo el día ahí. Es por tu bien y por el de los niños Bella, no me mires así.

–Eso lo comprendo, lo que no soporto es el tono que usas, me haces sentir una madre impulsiva y descerebrada que actúa sin pensar en sus hijos – mis ojos se nublaron y mi barbilla temblaba.

–No Bella, perdóname – tomó mi barbilla entre sus dedos levantándola hacia él – nunca fue mi intensión hacerte sentir mal, sólo me preocupo por ti y por los bebés, sabes que debemos tener especial cuidado, son dos amor, por lo que se duplican las posibilidades de… ¡Argg! Bella, lo siento.

Pero tenía razón. Al esperar gemelos siempre se tenían que aumentar los cuidados ya que los riesgos eran obviamente mayores, yo lo entendía muy bien sólo que su forma de decirme las cosas me hacía sentir la peor de las mamás.

–No cariño, no llores – me abrazó – verás que todo va a seguir igual de bien pero no hay que tentar a la suerte Bella; ven, recostémonos aquí mientras entramos al puerto ¿Si? – me dejé envolver y poco a poco me calmé mientras contemplábamos la belleza blanca y azul única de esa ciudad escarpada.

Al día siguiente después de levantarnos muy puntuales, guardé nuestras cosas en una enorme bolsa de playa y se la entregué a Edward. Fuimos al club de playa que me había dicho y nos tumbamos en unos camastros a disfrutar del sol, después de tantos días era lógico que agarráramos un color dorado envidiable, nos veíamos muy bien bronceados, sobre todo Edward sin su característico tono más pálido que el mío.

Entre preciosas playas vírgenes de arenas blancas y el mar imposiblemente más azul cada vez, visitamos Folegandros, Paros, Naxos y nuestro último destino fue Mykonos, nuestra luna de miel estaba llegando a su fin. A pesar de que era otro puerto bellísimo, no podía evitar pensar que era el fin de un tiempo maravilloso que habíamos compartido recorriendo juntos todo el Mediterráneo.

Nuestra última noche a bordo fue inolvidable. Edward le pidió a la tripulación que bajaran a tierra ya que queríamos pasar solos esa noche. Anclaron el yate a buena distancia y nos dejaron para tener nuestra despedida de un viaje épico. Marcus nos dejó preparada la cena, así que cuando subimos a cubierta, la mesa cuidadosamente dispuesta con mucho esmero de su parte, nos esperaba. En un triste silencio cenamos y luego Edward me llevó a la terraza donde abrazados, nos mecíamos junto con el ritmo adormecedor del barco.

–Bella – susurró a mi oído – quiero hacerte el amor justo aquí.

Sin pensarlo dos veces rodeé su cuello con mis brazos y nos besamos desesperados; con cuidado nos acercamos a una superficie acolchada junto a los camastros y nos acostamos entre caricias y besos que cada vez se hacían más intensos. Nuestras manos nos despojaban de nuestras ropas y en un abrir y cerrar de ojos ya estábamos desnudos bajo la noche estrellada.

–Te amo, Isabella… – susurró a mi oído mientras sus labios recorrían ávidos esa zona y yo me deshacía de deseo. Edward contuvo un poco la intensidad de sus caricias mientras descendía por mi cuello hasta llegar al valle de mis senos.

–Mis niñas, mis preciosas niñas – con delicadeza rozaba sus labios casi sin tocarme, le temblaban; lentamente fue bajándolos hasta llegar a un pezón tocándolo con la punta de su lengua y con las yemas de sus dedos apenas hacía contacto con mi otro pezón hasta que tomó confianza y suavemente presionaba con la mano mi seno completo. Su lengua humedecía por completo mi erecto y duro pezón, separando ligeramente su boca de él mientras su tibio aliento soplaba dulcemente sobre él estremeciéndome. Repitió la suave caricia con mi otro seno, subiendo mis niveles de deseo, provocándome jadeos y ruegos…

–Por favor, por fa… vor.

–Relájate amor, tenemos toda la noche…

Fue la advertencia más maravillosa que pudo haberme dado; aunque me era muy difícil hacer lo que me pedía ya que mi ansiedad me quemaba, me dejé llevar al ritmo de las caricias que me regalaba. Edward aprisionó uno de mis pezones entre sus labios y con una lentitud que me volvía loca, comenzó a succionar suavemente; su lengua relajaba la succión y masajeaba mi dura punta y toda la areola. Mis manos se enredaban en su pelo, revolviéndolo más y jalándolo conforme al ritmo de sus caricias.

Mis piernas lo tenían preso y mis caderas bailaban de arriba abajo incitándolo instintivamente mientras su boca succionaba con más fuerza recobrando así la confianza para amar a sus preciosas niñas de nuevo dejando atrás su miedo. Edward estaba feliz por eso, por recobrar lo que por derecho le pertenecía y en respuesta, gemía y jadeaba demostrándome el grado de excitación que tenía y que yo compartía.

Nunca se saciaría de acariciar mis senos, pero también el resto de mi cuerpo lo reclamaba y siguió recompensándolo; fue dejando un húmedo camino por mi torso mientras descendía por mi cuerpo. Llegó a mi cintura y se detuvo, no tocó ni un centímetro de esa área de mi cuerpo, en cambio, su boca llegó directamente a mi entrepierna a la vez que sus manos mantenían separadas mis piernas para prodigar suaves mordiditas que me hacían dar grititos completamente entregada a sus caricias. Así como lo hizo con mis piernas, mis labios fueron separados por sus hábiles dedos que tocaban sutilmente mi hinchado botón que solamente deseaba su boca.

Como si leyera mi mente, se acercó y mi botón fue succionado con ternura al mismo tiempo que deslizaba un dedo en mi interior encendiéndome mucho más de lo que ya estaba. La ternura dio paso a un necesitado ritmo que aumentaba al igual que el movimiento de su dedo y de pronto, para mi sorpresa, una inesperada caricia en mi otra entrada terminó con el último gramo de cordura que tenía. Su dedo ahí, se movió lento, sin pretender nada más que darme placer hasta que un fuerte gemido de mi parte lo alentó a una caricia más intensa.

Lo introdujo con cuidado, lentamente haciendo pequeños círculos, incitándome. Era tanto el placer que recibía con mis tres puntos exquisitamente atendidos que el sentimiento de satisfacción y plenitud me rebasaba. Un fuerte espasmo golpeo mi interior, levantando un torbellino de sensaciones maravillosas. La parte baja de mi vientre se endureció y mis paredes de cerraron. Con fuertes jadeos le anuncié la llegada de mi orgasmo y entonces la intensidad de sus movimientos fue cediendo, deteniéndose por completo unos segundos después dejándome a punto de mi liberación.

–¡Edward! – bramé.

–Shhh, calma Bella, shhh…

¿Cómo podía dejarme así? Molesta, me apoyé en los codos alejándome un poco de él. Edward se incorporó un poco y me fui sobre él, tumbándolo en las colchonetas donde nos encontrábamos.

–Bella ¿Qué haces?

–Shhh…

Con agilidad, me coloqué sobre él y le plantaba besos en el vientre y esa marcada V que era mi perdición. Me arrodillé entre sus piernas y con una mano tomé sus testículos masajeándolos con cuidado, Edward se arqueó llevando hacia atrás la cabeza en una clara muestra de gozo y que me animó a sorprenderlo. Tomé su vibrante y duro miembro y lo pasé por mis labios humectándolos con su líquido preseminal antes de introducirlo todo en mi boca, no era fácil, por eso cada vez que empujaba, llegaba hasta mi garganta y Edward enloquecía. Succionarlo y sacarlo y meterlo a mi boca era paso seguro para acercarlo al orgasmo, pero no me conformaría con eso.

Solté sus testículos y comencé a frotar su perineo con un dedo humedecido por mi boca y supe que estaba acercándose. Presioné ese delicado punto mientras con mi otra mano también lo hacía en la base de su pene manteniéndolo en mi boca. Edward empujaba su pelvis contra mi y dejé de acariciar su perineo para llevar mi dedo más allá, hacia atrás, moviéndolo justo como él lo había hecho conmigo.

–¡Bella! – gritó.

–Shhh, relájate cielo.

–Ahhh…

–Si quieres que me detenga pídemelo… – me reí burlona.

Sus jadeos de sorpresa me hacían sentirme orgullosa de llevarlo a esos grados de éxtasis. No dijo ni hizo nada más que retorcerse con mis caricias; estaba sorprendido, lo sabía pero no me detuvo. Disfrutaba de lo que le hacia y eso sólo demostraba el nivel de confianza que nos teníamos. Nos pasé de ahí; pero si lo hice gozar con mis movimientos en ese nuevo punto de deleite para él. Me concentré en lo que hacía sin dejar de lado su palpitante longitud en mi boca y una contracción en su vientre me dijo que era momento de retirarme y dejarlo enloquecer, así como él me había dejado a mí.

–¡Noo! ¡Bella no!

Me alejaba de él pero me tomó por los hombros y me recostó sobre un costado, él se puso detrás de mi y llevó una de mis piernas hacia atrás sobre las suyas, dándole libertad.

–Eso no se le hace a un excitado esposo señora… – me advirtió.

Buscó mi entrada con la punta de su miembro y me penetró; suavemente y con un ritmo constante, mis senos rebotaban doloridos por el movimiento y Edward los acariciaba fascinado. Su ímpetu bajó un poco y sus lentos movimientos de cadera mientras estaba dentro de mí, me hicieron ver otro tipo de estrellas.

–Ahh Ed… Ward… por f-favor…

–Si Bella, así, déjate ir…

Siguió penetrándome con una tortuosa constancia y una marejada se levantó de nuevo en mi vientre. Me aferré a una de sus nalgas llevando mi mano hacia atrás y mis uñas se enterraron en su piel al igual que su miembro lo hacía en mí, liberándome de las sensaciones reprimidas, desatando la vibrante pasión en mi interior. Me tensé sobre su erección y gritó explotando, llenándome, inundándome de él, colmándome de amor.

–Abre los ojos, Isabella – susurró a mi oído mientras yacíamos recostados – nunca te olvides de esto.

–¡Jamás! – dije feliz mirando las hermosas luces de Mykonos que nos decían adiós.

***

Fue muy difícil despedirnos del yate pero aún más de la tripulación que nos había consentido y cumplido hasta el más mínimo de nuestros deseos. Fue un rato triste pero la emoción de volver con nuestra familia, disipó esa tristeza en un instante. Abordamos el avión en Mykonos, otro vuelo privado que nos llevaría de regreso a Nueva York.

–No puedo creerlo, Bella, ¡Doce maletas! ¡Doce! ¡Sólo traíamos cuatro! – decía algo alterado – Dime en qué momento compraste todo eso.

–¿Yo? – me ofendí – bueno cielo, yo no compraba ropa para bebés en dos colores ni juguetes para niños y niñas, todo eso multiplícalo por dos y ahí tienes tu respuesta.

–¿Y quien me ayudaba a escogerla? – me miró acusadoramente y yo sólo sonreí – Todos sería más fácil si supiéramos que van a ser ¿No crees? – siguió insistiendo como lo había hecho durante todo nuestro viaje – yo no pienso quedarme con las ganas de comprarle a mis hijos lo que yo quiera.

–No lo hagas cielo, pero yo prefiero esperar – era mi eterna respuesta y sabía que por dentro Edward echaba chispas, pero no me iba a convencer.

–Que madre tan terca tienen – dijo mientras me llevaba al pequeño cuarto para recostarnos – pero así la amo…

Después de muchas horas de vuelo con una escala en Madrid, llegamos por fin a Nueva York. Tom nos esperaba y cuando vio nuestro equipaje casi se le salen los ojos. En el camino a nuestra nueva casa, nos comentó que Esme trabajó muy duro en la decoración y que Jimmy la ayudó, que ambos estaban muy contentos con el resultado y que nos esperaban ansiosos para darnos la bienvenida.

La emoción nos sobrepasaba al llegar a las puertas de nuestro nuevo hogar. ¡Hasta el jardín se veía diferente! Estaba tan ansiosa por entrar, que cuando Tom detuvo la camioneta por completo no esperé a que Edward me ayudara a bajar; subí los escalones y Jimmy salió corriendo eufórico para darnos la bienvenida junto con Esme.

–¡Bella! ¡Bella!

–¡Choo! ¡Esme!

–¡Hijos! ¿Cómo están? ¿Cómo están mis nietos? – preguntó la desesperada abuela.

–Hola mamá – madre e hijo se abrazaban cariñosamente – tus nietos están muy bien y nosotros también.

–Quiero ver esa pancita, hija – pidió Esme después de abrazarme y yo orgullosa me pegué la blusa al cuerpo.

–¡Oh Bella! Ya tienes pancita – dijo Choo emocionado.

–Todavía es muy pequeña pero ya se empieza a notar – la mostré feliz.

–Ajá, aunque eso no le impidió ponerse unos bikinis… – frunció el ceño a Jimmy en broma y reímos.

–Bueno, pasen, vengan a ver lo que hemos preparado para ustedes…

Esme nos apuró y tomé la mano de Edward; tan solo había dado un par de pasos adentro y ya teníamos la boca abierta. Estábamos de pie en el hall que solo tenía una mesa con un jarrón lleno de todo tipo de flores que remarcaban la elegancia del brillante mármol pulido. Al girar, el salón nos recibió con una bella alfombra blanca, con grandes y mullidos sofás grises con muchos cojines en colores marrón, beige, grises y blancos; la chimenea encendida desprendía un agradable olor a maderas; cuadros y lámparas minimalistas, dos pequeñas mesas de centro con libros de moda, arquitectura, diseño y una gran otomana al lado.

Del otro lado del hall, el comedor me robó un suspiro, era enorme, justo como lo había deseado para recibir a toda mi familia. La pared del fondo era de color gris plomo y la otra tenía un espejo de media pared que abarcaba todo el largo de la mesa moderna laqueada en color negro. Las sillas muy clásicas forradas de un moaré blanco antiguo y la moderna lámpara colgando del techo. Sólo Esme tenía el don de mezclar estilos tan modernos y clásicos y hacerlos lucir tan perfectos.

El despacho de Edward era una obra de diseño; estaba feliz porque a su madre no se le había escapado ningún detalle; su restirador, sus impresoras, escáners y sus accesorios especiales de trabajo inmaculadamente organizados y escondidos en un práctico mueble junto con un archivero para sus planos; una potente lámpara y un gran escritorio colocado estratégicamente junto a la ventana, le daban ese toque moderno pero sobrio sin duda alguna al igual que la cocina que aunque era de un maravilloso blanco impecable, era acogedora e invitaba a cocinar o solo estar en ella.

Subimos a las habitaciones y no pude dejarme de maravillar menos de lo que ya lo estaba. Los tres dormitorios estaban decorados con elegancia y calidez; usó tonos claros y vivos que invitaban al descanso combinándolos con la ropa de cama en colores brillantes. El de los gemelos estaba vacío y sentí que algo se encogía en mi vientre al verlo así, pero no daría mi brazo a torcer aunque Edward pusiera carita y ojitos del gatito de Shrek. Al llegar a nuestra habitación mi sonrisa no me cabía en el rostro. Tenía un ambiente de paz; unos colores grises y claros hermosos, un sofá frente a la cama, una mesita de centro y la chimenea; la adoraba, además era muy grande y la terraza se abría de par en par regalándonos una maravillosa vista arbolada.

–Mira Bella, aquí viene lo mejor de todo – dijo Jimmy dando saltitos.

Era el vestidor más… más increíble que había visto. Parecía una tienda con un largo pasillo, una gran araña colgando del techo y los estantes a los lados como si fueran vidrieras exponiendo los zapatos, los bolsos y los accesorios que ya estaban perfectamente colocados y ordenados, así como toda la ropa tanto mía como de Edward. Era un sueño, al igual que toda la casa.

–Gracias mamá, te ha quedado todo muy…

–¡Simplemente hermoso! – terminé por él – muchas gracias Esme, no sé qué decirte.

–Con ver sus caras me doy por excesivamente bien pagada – nos abrazó – me alegra que les haya gustado lo que hicimos, porque Jimmy fue un colaborador estupendo, muy bien podría dedicarse a esto… tiene muy buen gusto.

–¿Cambiarías de empleo Choo? ¿Me dejarías sola? – lo miré titubeante.

–Yo… *



*



*



*
Gracias PattinsonWorld.

8 comentarios:

Nani-PattinsonWorld dijo...

FANTASTICO nena, impresionante este capitulo, que viaje de ensueño con todo lujo de detalles en todos los aspectos jaja, hay una foto que me tiene la mente en blanco uffff seguro que adivinas!
Veo que le queda muy muy poquito a esta bonita historia. Gracias Lili ... espero el proximo!

joli cullen dijo...

IMPRESIONANTE ESA LUNA DE MILE XD QUE AMOR HAY LLORO SE NOS ACABA

yolanda dijo...

EL CAPI "SUBLIME AMOR" CUANDO ESCRIBES SE PARA EL MUNDO..Q PASADAAAA M E PASADO EL CAPI CON LA CARNE DE GALLINA,LLORANDO...¡¡Q LUNA DE MIELLLL GUAUUUU!!! LLENA DE AMOR Y PASION Y EL MOMENTO MALETAS,JAJAJAJA DIVERTIDISIMO M SIENTO TAN IDENTIFICADA,JAJAJAJA... Y LA CASA POR DIOSSSSSSSS Q LOCURA Y EL VESTIDOR UN SUEÑO PARA CUALQUIER MUJER.... "ENOHORABUENA"POR ESTA HISTORIA TAN BRILLANTE Y MARAVILLOSA HAS CREADO UN HISTORIA DE 53 CAPI HASTA AHORA PONIENDO EN JAQUE TODAS NTRAS EMOCIONES SIENDO FIEL A UN EDWARD Y BELLA HUMANOS SIN PERDER SU AUTENTICA Y MARAVILLOSA ESENCIA..¡¡¡BRAVOOO!! AL MENOS PARA MI ESO ES IMPORTANTISIMO,CUANDO EN ALGUNA OCASIÓN E LEIDO UN FIC DOND EDWARD CONOCE A BELLA Y LUEGO LE ES INFIEL,O UN BORRACHO,MAL HABLAO¡¡¡UFF!!MI CORAZÓN SE QUIEBRA Y NO PUEDO CONTINUAR POR QUE "ESE JAMAS SERA NTRO EDWARD" SERIA UN HOMBRE COMUN,VULGAR ESO LO HACE CUALQUIERA Q NO SABE AMAR REALMENTE ... POR ESO T DIGO Q EL BRAVOOOOOO SE QUEDA CORTO...M.GRACIAS POR ESTA MARAVILLOSA HISTORIA,ESCRIBES COMO LOS ÁNGELES CUANTO TALENTO...HASTA EL PROX CAPI PRINCESA..DSD MADRID UNA AMIGA Q TE QUIERE MUCHOOOOOOOO BSSSSSSSSSSSSS

CRIS dijo...

impresionante!!!! que luna de miel!!!sin hacer nada, bueno....nada, nada...mucho y a todas horas, yuhu!!!
que escenas, dios y la del barco en cubierta, jesus!!!!
bueno, como siempre me dejas sin palabras, bravo!!!

besos

Du dijo...

Ahhhhhh!!!! Estoy muy complacida y aun más agradecida Li…

Insisto, tienes esa gran habilidad de sumergirme en la historia y hacerme gozarla en vivo y no solo a todo color si no en TECNICOLOR…Pero bueno, ojala pudieras sacarte de esa mente maestra, mas capítulos, pero igual no te presiones que esta historia ya es única, incomparable, e inolvidable...

Otra vez muchas gracias!!
Te quiero Li. Muchos besos y abrazos. Bye.

dracullen dijo...

aaaahhhh niña ya ni sé ke decirte siempre me sorprendes, eres genial!!! te kedó hermoso el capitulo, y bueno ke decir de las imagenes, si ke es impresionante tu trabajoooo!!! ahhhh presiento el final, pero no kiero ke llegue , la historia me ha robado el corazon , es muy buena, excelente diría yo. Bueno en cuanto a lo de los bebés me encanta ke bella no de su brazo a torcer,es genial ver a ed intentando persuadir a bella, bien por ella, jaja ya sabemos kien llevará la batuta en ese matrimonio jejeje, como dijera mi mamá " tu padre lleva los pantalones.... pero yo decido de ké color" jejejeje, en fin me gustaria ke fueran niño y niña!!! saludos y espero volver a leerte prontooooo!!! xoxo :D


pd:Habrá secuela?????

Sandy dijo...

me encanto, te quedo sensacional, estaria bien que fueran mellizos y por lo tanto uno y uno :D
besitos, continua pronto me encanta el fic

Daniella dijo...

hermoso como siempre!!! yo apoyo a dracullen!!! secuela!! secuela!!!